La sabiduría no es la simple acumulación de conocimiento o información. Es la capacidad dada
por Dios para aplicar la verdad divina a la vida práctica, discernir entre el bien y el mal, y vivir
de una manera que le agrade. Para vivir de manera agradable delante de Dios. Para discernir y
decidir lo correcto de Él.
Esta sabiduría es un regalo divino, tal como menciona Proverbios 9:10: “El principio de la sabiduría es el temor a Dios”. Además, las Escrituras nos aseguran que si le pedimos sabiduría a Dios, Él nos la dará en abundancia.
Recordemos que Santiago 3:14-15 describe dos tipos de sabiduría:
- La sabiduría terrenal, animal y diabólica: Es aquella que tiene un origen oscuro y responde
a nuestra naturaleza caída; está limitada a lo humano, carece de trascendencia espiritual y
se manifiesta en frutos como los celos amargos. - La sabiduría de lo alto: Es pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de
buenos frutos, y está completamente libre de hipocresía.
Y es esta última que nos dice cómo debemos estar vestidas de sabiduría y nos dice que debemos testificar de Cristo con nuestras acciones. Como la Sabiduría no es algo que viene con nosotros debemos adquirirla y cultivarla, ¿de que forma? Proverbios 13:20 nos da la respuesta: Quien con sabios anda, a pensar aprende; quien con tontos se junta acaba en la ruina.
Andar con sabios:
Andar: No se refiere a una acción puramente física, sino que describe un estilo de vida.
Significa compartir el camino con alguien y permitir que influya en nosotros. Implica estar
dispuestos a ser enseñados, aprender a callar, caminar en mansedumbre y recostar la cabeza
en un hombro sabio.
- Sabio: Es aquel que teme a Dios, toma decisiones prudentes y vive conforme a la voluntad
del Señor.
Por tanto para adquirir y cultivar sabiduría es necesario andar con sabios porque nos permitirá contagiarnos por la pasión por el Señor que tienen, dejando que esa devocion se impregne en nosotros a través de la observación, para ser conducidos por el consejo oportuno, siendo discípulos en humildad.
En contraste al tonto. Sorprendente junta tiene un significado revelador en la segunda parte del versículo.
Junta:
Esta palabra proviene de una raíz hebrea que significa “pastorear”, “alimentarse
con” o “ser compañero de”. Implica una relación de estrecha familiaridad, donde uno abre
el corazón y se nutre de la filosofía de vida del otro.
Observemos que el versículo no dice que ” quien se junta con necios se volverá necio”, sino que el que se junta acabara en la ruina, ¿por qué? Porque el necio sigue el camino al juicio, inevitablemente te equivocadas decisiones, y al compartir, juntarse, existirá una asociación de intimidad con él, portanto serán inevitables las consecuencias, y su inminente caída. consecuencias de su caída. El pecado y
la necedad siempre traen consigo su propia destrucción.
Ante esto, ¿qué decidiremos? ¿Andar con sabios o juntarnos con necios?
Testimonio:
He compartido muchos años con la familia pastoral, en todo este tiempo he sido vestida de Sabiduría al andar con ellos. Especialmente andar y trabajar con mi pastora, de ella recibo constantemente palabra fresca, me gozo en sus consejos porque han ayudado en varias áreas de mi vida, en mi comunión con el Señor, en glorificarle con mis acciones y en mi vida laboral.
Soy testigo junto a mis hermanos de nuestra congregación de la Sabiduría que Dios a dado a mis pastores, son grandemente usados para pastorear nuestros corazones, y alinear nuestros pensamientos de acuerdo a la Palabra de Dios de manera que nuestras acciones le agraden.
Proverbios 13:20 tiene un enlace hermoso con el Salmo 133:2, que dice: “Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras”.
Esto significa que la bendición fluye desde la cabeza hacia abajo.
- De la cabeza: que representa a Cristo, quien tiene la supremacía en la iglesia.
- hacia la Barba: que representa a los pastores, quienes ejercen la autoridad espiritual en la congregación.
- luego hacia las vestiduras: que representan al cuerpo de Cristo, que es la iglesia.
La bendición de la Sabiduría que ha sido depositada en nuestros pastores ha descendido para mi vida, permitiendome disfrutar de este bendito regalo.
Recuerdo una vez que movida por el Espíritu Santo, pasé al altar para que oraran por mí. Nuestro Pastor rogó al Padre por mi vida diciendo: “Señor, te pido que la bendigas”.
Desde ese entonces, el Señor Jesús ha puesto sabiduría en mis finanzas, guiándome a administrar con prudencia todo lo que Él pone en mis manos. Doy gracias al Señor por las palabras de bendición que nuestra Pastora me dice “el dinero crece en tus manos”. ¡Amén!
Reflexión pastoral:
En el reino de Dios hay un orden, y ese orden es bendición. El Señor preminte sobre todo, puso autoridades sobre su iglesia: sus pastores, ellos velan por cada miembro de la congregación, y es por eso que cuando alguno enfrenta un problema, en discernimiento debe acudir a ellos, porque son su cabeza espiritual.
La escritura nos muestra ese principio, con historia de la sunamita, en 2 Reyes 4. Cuando su hijo muere, esta mujer corrió al encuentro de Eliseo. Pero en el camino, quien la recibió primero fue Giezi, su siervo, y este le preguntó: “¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo?” Ella respondió con entereza:
“Bien.” Sin descargar su dolor con él, porque entendía el orden que Dios había establecido.
Pero cuando llegó donde estaba Eliseo, se arrojó a sus pies y ahí sí soltó toda su angustia. Giezi quiso apartarla, pero Eliseo lo detuvo: “Déjala, porque su alma está en amargura.” Entonces ella
le dijo lo que llevaba dentro: “¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no me burlase usted?”
Vemos a esta mujer sabía distinguió dónde estaba la autoridad para su milagro. A
Giezi le dio una respuesta breve; pero fue a los pies de Eliseo donde derramó su alma, porque de ahí, en el orden que Dios instituyó, vendría la respuesta. Eso es sabiduría.
Que el Señor nos ayude a tener ese mismo discernimiento: honrar el orden que Él ha establecido en su iglesia, porque esto es tener Sabiduría.