“Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican”.
Cuando el Señor exhorta a su pueblo por haberle dejado y por construir cisternas rotas, agrietadas para ellos mismos, les quiere hacer ver su condición, ellos llevaban una vida alejada del Señor. Su casa, su vida, estaba sin su dueño. Lo cierto, es que una casa así, está descuidada, en los inviernos helada, sin gobierno. Ellos construían sus propias cisternas a su forma, a su modo.
¿Quién gobierna mi casa? ¿Tiene dueño mi casa? ¿A quién le pertenece? La casa es la vida, si no tiene dueño está quebrada, el agua no permanecerá. Si se construyó sin el Señor, esta sin dueño. El Señor dio todo por nosotros. Dejemos gobernar nuestras vidas por El.
Levantemos pañuelos blancos, declarando nuestra rendición, digamos: gobierna mi casa por favor. Podemos ser casas que tienen por dueño a Jesucristo, el Buen Pastor y ser guiadas por El en la construcción de nuestras casas, asi las aguas no se saldrán de nuestras vidas, no es suficiente que yo la construya, es necesario que Dios edifique nuestra casa, que la gobierne. Solo asi podemos disfrutar, podremos estar confiadas, porque nuestra vida estará sobre la piedra angular, el cimiento estable. Que nos rindamos, para que el Señor tome gobiernos y ya no tengamos grietas.