El sitio bibliatodo.com define a la palabra cómplice como una derivación del latín cómplex que significa entrelazado, implicando una unión que puede ser positiva o negativa dependiendo de cada situación.
Podemos distinguir 3 usos principales de este termino
- Solidaridad y camaradería: conexión emocional positiva de complicidad y entendimiento mutuo. Ejemplo: miradas o sonrisas en el matrimonio o novios, hermanos, los padres cuando quieren llamar la atención.
- Participación de un delito o culpa: uso legal donde la complicidad implica una participación activa o pasiva de un acto ilícito. Comparte la responsabilidad penal con la persona que cometió el delito.
- Cooperación en un acto ilícito: comparte similitud con la definición anterior, pero la diferencia radica en que el cómplice coopera con la ejecución con actos anteriores o simultáneos. Ejemplo: proporcionar herramientas para realizar el acto ilícito.
También se considera cómplices a aquellos que, sin ser notoriamente agresivos, permiten que otros causen daño. Ejemplo: somos testigos de algo, pero no nos metemos.
Son personas que consientes o inconscientemente eligen quedarse al margen, cuando presencian injusticias o comportamientos dañinos, lascivos, perjudiciales, pueden ser testigos de: exclusión, acoso, discriminación o abuso, pero elijen no ser partícipes.
Ministración
El silencio cómplice es manifestado de varias formas:
- Cuando se es participe de las mismas obras. Salmo 50:18 “Cuando ves a un ladrón, te complaces con él, y con adúlteros te asocias”.
- Cuando se calla en favor de algo ilícito. Proverbios 29:24 “El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida; oye el juramento, pero no dice nada”. (Versión LBLA).
- Cuando, sabiendo las leyes, se callan y se transgreden. Romanos 1:32 “los cuales, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también dan su aprobación a los que las practican.” (versión LBLA).
En estos últimos tiempos llamamos malo a lo bueno y bueno a lo malo. La Palabra nos advierte que vendrían hombres amadores de sí mismos, avaros, infatuados. Muchos de nosotros hemos sido cómplices de personas abusadoras, y por miedo hemos callado.
- En el libro de Josué 7: habla la historia de Acán, un israelita que tomó para sí; un manto babilónico, doscientos ciclos de plata, y un lingote de oro de Jericó, tomo para él un botín lo escondió en su casa, sus hijos y familia fueron cómplices, este hombre había transgredido la orden del Señor. Como consecuencia Israel no pudo ganar la batalla que enfrentaban, murieron muchos hombres. Su familia se hizo cómplice y todo su hogar fue destruido y muerto.
La codicia fue el centro de tal mal. Como él, deseamos cosas y maquinamos por tenerlas. Cuando las deseamos, pero son de otra persona las estamos envidiando, esto es un pecado, y es tanto el afán de poseer cierta cosa que hacemos cómplices de nuestros deseos a nuestros esposos, por considerarlo necesario, empezamos a argumentar escondiendo el pecado en la casa de nuestro corazón. La envidia lleva a la codicia y debemos tener cuidado con ser así, porque traemos maldición a nuestras familias, anatemas.
- La codicia puede alcanzar niveles más altos como robos, asaltos, violaciones, etc. En la violación a Tamar hubo complicidad entre un amigo y su medio hermano Amnón, al ser seducida ella sufrió un abuso sexual. Tengamos cuidado con lo que deseamos.
- Cuando los adolescentes quieren ser como otros se hacen cómplices de sus malos actos.
- Una madre puede hacerse cómplice de hijo cuando le permite usar, llevar, traer algo que no le pertenece. Eso es anatema, los niños también envidian y deben ser conducidos por sus madres.
Debemos preguntarnos, examinar el corazón: ¿es deseo o necesidad? La respuesta nos ayudará a ver si estamos codiciando de esta manera, también evitaremos que nuestros esposos sean cómplices de nuestros caprichos.
Aparece el efecto dominó porque estamos enlazados, las consecuencias son duras y las sufren nuestras familias, esto porque dejamos entrar anatemas, guardamos muchas cosas en nuestro corazón.
La complicidad es hermosa cuando lo hacemos como gesto de amor, de unión, de edificación, ser cómplices para animar. Por eso debemos estar paradas en la verdad y centrar nuestro corazón.
- En la historia de Ester y Mardoqueo, Amán quería tomar el lugar de Mardoqueo, quiso dar muerte a los judíos él estaba urdiendo en su corazón este propósito junto a sus cómplices, pero la reina Ester abrió su corazón, contándole que era judía al rey Asuero, el cual sin saber estaba siendo cómplice de lo que haría Amán con ella y contra el pueblo judío.
Si estamos siendo cómplices de un pecado, arrepintámonos confesemos y apartémonos para no dañarnos, porque el Señor nos mira de lejos, por eso debemos escudriñar nuestro corazón, si hay codicias, envidias, preguntarnos: ¿por qué vivimos lo que vivimos y por qué somos cómplices en algunas situaciones?
Situaciones como preservar una mentira, o dejar a uno solo tomar una decisión cuando se había quedado que se tomen esas decisiones como matrimonio.
El Señor nos ayude para no abrir puertas en nuestros hogares para que sea habitado por demonios, que atormentan día y noche.
La Biblia nombra todo tipo de pecado, y nosotros lo escondemos porque nos gusta la complicidad. Debemos arrepentirnos. La complicidad con lo pecaminoso nos aleja de Dios.
Una instrucción tenemos “de toda cosa guardada, guarda tu corazón”. Proverbios 4: 23. Andemos en Amor, andemos en Verdad.