Proviene de la raíz latín “satis-factio”, formada por dos palabras la primera de ellas satis (bastante o suficiente) y facere (hacer), su significado original se refiere a hacer lo suficiente o necesario.
El diccionario fácil.org, lo define como alegría o placer que la persona siente al hacer algo bien o nos gusta.
Tipos de satisfacción:
Satisfacción personal (valoración individual de una persona a su vida, a su salud, espiritualidad, circunstancias, entre otras)
Satisfacción laboral (grado de plenitud que una persona experimenta con respecto a su trabajo, dueña de casa. etc)
Satisfacción económica (consumo y capacidad económica de cubrir los bienes y los servicios)
Satisfacción del cliente (indicador que evalúa el grado de conformidad que tiene un consumidor, al adquirir un producto o servicio).
Insatisfacción: estado o actitud de no estar satisfecho tiene que ver con descontento o disgusto, sentimiento de que algo falta o no es suficiente en nuestras vidas.
Ministración:
La satisfacción debemos enseñarles desde pequeños a nuestros niños, ser agradecidos en el Señor, es cultivar una satisfacción sana. Cuando estamos gozosos, sentimos alegría no tenemos la necesidad de buscar peleas o conflictos ya que estamos satisfechos emocional y sentimentalmente.
Nos cuesta tener gratitud en nuestros corazones, estar conformes y satisfechos con lo que hacemos. En cambio, la insatisfacción puede ser alimentada en el transcurso del tiempo por distintas causas, incluso por años causando amargura, envidias, celos, comparaciones, quejas. Debemos tener cuidado con la insatisfacción trae como pecado el adulterio dentro del matrimonio.
La insatisfacción provoca una imagen irreal/idealizada, no nos deja ver la realidad al ser codiciosos, envidiosos. El Señor sacó con mano poderosa al pueblo de Israel, vieron milagros, tuvieron una nueva vida, pero ellos tenían amargura y quejas, se olvidaron de que ellos eran esclavos, nosotros pasamos lo mismo olvidamos de donde Dios nos sacó, “nuestro corazón es engañoso, sobre todas las cosas” Jeremías 17:9, debemos tener integridad en el Señor.
En las cartas pastorales el apóstol Pablo nos exhorta a buscar el gozo, la alegría, el contentamiento en el Señor, ser agradecido por la salvación, de creerle a nuestro Dios.
Centremos el corazón, debemos perseverar en gratitud, de Dios es el bendecir, el de dar y no dar, Él conoce nuestro corazón, nuestras necesidades y deseos. En la actualidad la juventud quiere todo rápido, la sociedad se mueve de esa manera, quieren lo instantáneo, lo fácil, que no les cueste nada, la sociedad está formando corazones insatisfechos.
En todas las áreas de nuestras vidas podemos tener insatisfacciones, recordemos que la vida y la muerte está en las manos del Señor, Dios nos ayude en todo, independiente la etapa de la vida que estemos pasando, pero vivámosla contentos, felices somos hijos de Dios. Todos tenemos nuestras luchas con el corazón que quiere mandarse solo, emanciparse, dar rienda suelta a las emociones y dejar a un lado la verdad, las promesas que hicimos y aquellas dadas por el Señor para nuestros matrimonios.
A veces nos centramos mucho en el otro, cuesta entender que el Señor es nuestra plenitud, nuestro gozo, debemos poner nuestra mirada en el blanco perfecto que es Cristo, muchas veces bajamos la mirada y la colocamos en nuestros esposos.
A veces buscamos culpables, en vez de buscar soluciones como Abigail, que no hablo mal de nadie, vivía con un hombre malo y perverso, debemos tener cuidado con nuestras palabras porque después no sabemos como recogerlas, debemos tener contentamiento en el Señor.
El corazón insatisfecho encadena de alguna forma. Debemos tener corazones reflexivos, pararnos en el camino, el único que llena el vacío es Cristo.
La palabra satisfacción proviene del latín satis-factio, formada por satis (bastante o suficiente) y facere (hacer). Su significado original se refiere a hacer lo suficiente o lo necesario.
Según el Diccionario Fácil, se define como la alegría o placer que una persona siente al hacer algo bien o que le gusta.
Tipos de satisfacción
- Satisfacción personal: Valoración individual de la vida, salud, espiritualidad y circunstancias.
- Satisfacción laboral: Grado de plenitud que una persona experimenta en su trabajo, incluyendo labores del hogar.
- Satisfacción económica: Capacidad de cubrir bienes y servicios necesarios.
- Satisfacción del cliente: Indicador del grado de conformidad al adquirir un producto o servicio.
Insatisfacción
La insatisfacción es el estado o actitud de no estar conforme. Se manifiesta como descontento, disgusto o sensación de que algo falta. Puede crecer con el tiempo y generar amargura, envidia, celos, comparaciones y quejas. En el ámbito matrimonial, puede abrir la puerta al pecado del adulterio.
Ministración
La satisfacción debe enseñarse desde pequeños. Ser agradecidos en el Señor es cultivar una satisfacción sana. Cuando estamos gozosos y alegres, no necesitamos buscar conflictos, porque estamos emocional y espiritualmente satisfechos.
Nos cuesta tener gratitud en el corazón, estar conformes con lo que hacemos. En cambio, la insatisfacción puede alimentarse por años, distorsionando nuestra percepción y generando una imagen idealizada e irreal. Nos vuelve codiciosos y envidiosos, incapaces de ver la realidad.
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” — Jeremías 17:9
El pueblo de Israel fue liberado con mano poderosa, vio milagros, recibió una nueva vida, pero cayó en amargura y quejas, olvidando que habían sido esclavos. Nosotros hacemos lo mismo: olvidamos de dónde Dios nos sacó.
El apóstol Pablo nos exhorta en sus cartas pastorales a buscar el gozo, la alegría y el contentamiento en el Señor, a ser agradecidos por la salvación y a creerle a nuestro Dios.
Debemos centrar el corazón, perseverar en gratitud. De Dios es el dar y el no dar. Él conoce nuestras necesidades y deseos.
Hoy, la juventud quiere todo rápido. La sociedad promueve lo instantáneo, fácil y sin esfuerzo, formando corazones insatisfechos.
En todas las áreas de la vida podemos experimentar insatisfacción. Pero recordemos: la vida y la muerte están en las manos del Señor. Vivamos contentos, felices, somos hijos de Dios.
Todos luchamos con un corazón que quiere mandarse solo, emanciparse, dar rienda suelta a las emociones y dejar de lado la verdad. Olvidamos las promesas hechas y las que Dios nos dio para nuestros matrimonios.
A veces nos centramos demasiado en el otro. Cuesta entender que el Señor es nuestra plenitud, nuestro gozo. Bajamos la mirada y la colocamos en nuestros esposos, en lugar de Cristo, el blanco perfecto.
Buscamos culpables en vez de soluciones. Como Abigail, que no habló mal de nadie, aunque vivía con un hombre malo y perverso, debemos tener cuidado con nuestras palabras, porque luego no sabemos cómo recogerlas.
El contentamiento en el Señor es clave. El corazón insatisfecho encadena. Necesitamos corazones reflexivos, detenernos en el camino. El único que llena el vacío es Cristo.