Vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí. Zorobabel, Jesúa, y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia.
Esdras 4:2-3
Estos jefes eran samaritanos, ellos eran idólatras, de costumbres paganas, Zorobabel no los quiso, no convenía para el pueblo, ellos podrían en el tiempo ser contaminados por sus costumbres, en el tiempo ellos serían un estorbo para el plan de Dios.
Como los samaritanos, hay gente que son estorbos en nuestras vidas. Este pueblo iba ser así, sus costumbres iban a entorpecer a los del pueblo.
El cristiano cuando conoce al Señor tiene un crecimiento, es un caminar y debemos confrontar nuestras vidas con la palabra. Cuando recibimos al Señor empieza un cambio.
Hay varios tipos de estorbos, algunos son:
El pasado, muchas veces miramos hacia atrás y nos cuestionamos lo que hicimos, decisiones erradas, algunas con consecuencias, pero debemos vivir el evangelio, tomarnos del perdón creyendo con fe, que Cristo ya pagó. Cuando miramos el pasado este será un impedimento para nuestro crecimiento.
Los prejuicios, que son rótulos, etiquetamos a las personas con personas no deseadas, que no se quisieran imitar. En el matrimonio, uno de los cónyuges recrimina según rótulos, eso es un estorbo porque trae daño a la relación; por ejemplo alguna cualidad de la persona que creemos que no es correcta, pero sin serlo; como el carácter del hombre pasivo que puede ser malo para una esposa. O con los hijos, a quienes se les exige logros como en el mundo para que alcancen los estándares de éxito (según cada uno), esto es dañino para ellos, es poner peso sobre su vida, esto es un estorbo para la relación de padres con los hijos. Las comparaciones entre los hijos hacen daños.
Los permisos, un estorbo. Como hablar de forma indecorosa contra un hermano, eso es un estorbo en el crecimiento del cristiano, en su proceso de cambio. Podemos recordar al rey David, que se dio permiso para no ir a pelear junto al ejército que Dios le había dado, él quedándose en su casa pecó, miró a una mujer casada que estaba tomando un baño, la quiso y la llamó, ella fue poco prudente, pero David pecó por darse ese permiso.
Las niñerias, son estorbo, los pensares que tenemos sin la verdad del Señor empiezan a urdir en el corazón. Consideremos el consejo de nuestros pastores a quienes Dios instituye. Dejemos de ver lo que no es, miremos a Cristo
“Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad?”.
Gálatas 5:7
Debemos reconocer en nosotros, nuestros estorbos, ver que está estorbando y buscar la verdad. Pidamos al Señor escudriñe nuestro corazón. El Señor no quiere que lleve pesos de más, el enojo, la inconstancia, la idolatría, no calza con el Evangelio. Saquemos todo escombro de nuestras vidas.