Reprender es una acción, un verbo transitivo que implica regañar, reñir, recriminar, reprochar, corregir, amonestar a alguien, vituperando o desaprobando lo que ha dicho o hecho.
En
- Salmos: La represión para aquellos que la toman es oro y
sabiduría. - Cartas Pastorales: Es amor y disciplina hacia los hijos.
- Los Evangelios: Es autoridad.
La reprensión Humana: - Relacionada con autoridades: padres, esposos, jefes,
líderes.
La reprensión Divina: - Escrituras y la iglesia (autoridades dadas por el Señor).
En la Palabra:
– Jesús: Reprendió con autoridad a Satanás, a los
demonios del gadareno, a la naturaleza y a los cambistas en
la casa de su Padre.
Ministración
Mateo 16:22: “Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”.
La palabra “reconvenir” tiene que ver con censurar, reprender, amonestar. Pedro reprendió a Jesús, amonestó al maestro.
Jesús miró el corazón de Pedro y lo reprendió porque estaba viendo las cosas del mundo.
Juan 14:30: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene de mí”. En este versículo, Jesucristo dice que no tiene nada de Satanás, pero Pedro sí tenía, porque pensó que con la autoridad que el Señor le había dado le quiso ser estorbo.
Es peligroso darle autoridad a una persona inmadura que no entiende quién es la autoridad. Todos estamos sujetos a una autoridad: en casa, en la iglesia, en el trabajo, en todo lugar, incluso en el negocio.
Muchas veces tomamos las formas del enemigo; ¿Qué tenemos de Satanás en nosotros? ¿De qué se toma el enemigo para afligirnos? ¿Por qué no nos sujetamos a la Palabra del Señor? ¿Qué provoca dentro de nosotros esa reacción de oposición? Muchas veces tenemos la autoridad de
personas que no han sido formadas en amor, enseñanza, obediencia y discreción. Es entonces que esas áreas no formadas buscan causar tropiezo y permitimos que tome autoridad el orgullo, la falta de perdón, el enojo para ser gobernados por las obras de la carne y no por el Espíritu.
Debemos ser buena tierra y avanzar.
Nuestros pastores nos aconseja en distintas áreas y no hacemos caso porque estamos pensando como Pedro.
Tenemos una semilla del enemigo que no debemos permitir que crezca. ¿Qué semillas del enemigo tenemos? ¿Qué ventaja le damos a la carne? Algunas de estas semillas son ansiedad, frustración, autosuficiencia, falta de perdón, amargura, desconfianza, superioridad, afanes e idolatrías.
Debemos sacarlas del área donde están, ya que lo santo y lo profano no van juntos.
Cristo nos compró y redimió; ya no somos propiedad del enemigo. Cristo reprendió con amor a Marta por estar afanada. Cuando nos aman, somos exhortados por amor, y debemos ser mansos para aceptar la corrección y decir sí, amén. La disciplina del Señor es en amor.
No somos más que el Maestro. Cristo constituye su iglesia y nos quiere libres, en paz y sujetos unos a otros en obediencia.
La obediencia requiere morir al yo, arrepentirnos y buscar el rostro de Cristo. Reconozcamos nuestra posición y sujetémonos a la autoridad, ya sea en la casa, la iglesia o el trabajo. Que la represión en nuestra vida sea como el oro, así apreciado, veamos que es por amor y misericordia a nuestras
almas.
Si estamos pasando por situaciones, busquemos consejería con pastores y hermanos de confianza. Conversemos el tema y seamos ministrados, porque muchas veces no sabemos.
Que el Señor en su palabra haga vida, haga morada y nos ayude en el caminar del evangelio, tratando y limpiando nuestro corazón para que la paz del Señor esté en nuestro hogar.