La palabra “tóxico” viene del concepto de “flecha envenenada” que se origina en el griego toxon “arco”, que más tarde daría lugar a toxikón “veneno para poner en las flechas” y al latín toxicum “veneno”. Finalmente pasó al español como “tóxico”.
Según la RAE, esta palabra tiene tres significados:
- Adj. Algo que contiene veneno o produce envenenamiento. Aplica a una sustancia.
- Adj. Perteneciente o relativo a una sustancia tóxica.
- Adj. de una persona que tiene una influencia nociva o perniciosa sobre alguien.
¿Cómo saber si estamos en una relación tóxica?
Según los especialistas las relaciones tóxicas son aquellas en que ambas partes son incapaces, por alguna razón, de impedir hacerse daño. Puede tratarse de una relación de pareja, pero también de amistad, de trabajo, incluso de una relación familiar.
Ministración:
Son personas que se basan mucho en el “yo siento, yo creo, yo pienso”. Son manipuladoras, anulan a la otra persona sin importar lo que piense, demostrando menosprecio, hace un daño tremendo en el matrimonio, la amistad y la familia.
Somos individuos, personas pensantes, cada uno tiene una forma distinta de pensar. Sin embargo somos tan poco respetuosos y podemos causar daño emocional, como el menosprecio o el menoscabo hacía quienes están cerca de nosotros.
Estas actitudes posesivas. Solo importa lo que yo quiero, lo que yo busco alcanzar, sentirse dueño del otro tratando de someterlo.
En la Biblia dice: “Entonces Josué le dijo a Acán: Hijo mío, di la verdad aquí ante el SEÑOR Dios de Israel y confiesa lo que has hecho. Dímelo y no me ocultes nada. Entonces Acán le contestó a Josué: Es verdad, he pecado contra el SEÑOR, el Dios de Israel.” —Josué 7:19-20 (PDT)
Muchas veces hay personas en nuestras vidas a quienes se les aconseja y guía, pero continúan en la misma postura. Estas personas pueden quitar fuerzas y debilitar emocionalmente a quienes las rodean, siendo tóxicas, aunque digan conocer el evangelio.
Acán se convirtió en un obstáculo para Israel. El pueblo fue derrotado increíblemente. Él había tomado lo que Dios había prohibido. La desobediencia, el no seguir el consejo del Señor, trajo una enorme pérdida. Dios le dijo a Josué que no vencerían mientras el anatema no fuera eliminado de en medio de ellos.
“Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros.” —Josué 7:13
¿Y nosotras, en qué no podemos vencer? ¿Por qué? ¿Acaso somos desobedientes y no acatamos consejo?
Hay personas a nuestro alrededor que nos quitan el ánimo y las fuerzas, permaneciendo con un corazón altivo y orgulloso. Debemos sacar el anatema de nuestra vida. La Biblia nos dice que debemos alejarnos de este tipo de personas:
“No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Déjala, no pases por ella; apártate de ella, pasa. Porque no duermen ellos si no han hecho mal, y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno. Porque comen pan de maldad y beben vino de robos. Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan.” —Proverbios 4:14-19
Estas personas traen pecado y maldición, y su influencia puede abrir puertas a la presencia de espíritus inmundos.
Jonás fue enviado a Nínive por el Señor para advertirles que serían destruidos. Al principio obedeció, pero luego se negó a ir porque sabía que Dios, en Su misericordia, podría perdonar a la ciudad si se arrepentían.
Así, tomó un barco para ir en sentido contrario a Nínive. De repente, Dios envió una tormenta que puso en peligro la embarcación. La presencia de Jonás se volvió tóxico para los marineros que viajaban con él, su desobediencia puso en peligro la vida de ellos. Así es la desobediencia, no solo afecta a uno, sino también a quienes están a nuestro lado.
Tal vez no estemos en una barca, pero podemos estar sentados en una mesa hablando chismes, al lado un escarnecedor, al otro un ensimismado, o alguien que le gusta victimizarse u otro que ve a todos perdidos. A estos tipos de personas tóxicas debemos evitar, tener cuidado con la lengua, el veneno que se tiene puede ser lento o rápido, de cualquier forma es grave a nivel de perder la vida. Hermana tenemos un Dios tan Poderoso y debemos aprender que con Dios no se juega.
Si, el Señor permite que pasemos a por tormentas, muchas veces porque somos tóxicas.
Las experiencias nos sirven, nos ayudan para aprender, debemos analizar qué cosas o situaciones en nuestras vidas, tienen o son veneno y nos pueden matar o herir o también matar al cuerpo de Cristo, clamemos al Espíritu Santo para que nos ayude a discernir. Debemos cuidar los altares y nuestras casas espirituales, es un deber identificar el anatema, no podremos avanzar si está en medio de nosotras, cuando lo hallemos saquemoslo. Cuando estamos en la voluntad de Dios Él obra poderosamente con nuestras vidas lo hace de manera que nunca imaginariamos.