Daniel Conejeros
“Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?” Salmos 56: 8
La redoma es una vasija generalmente de vidrio de tamaño o pequeño mediano. Es ancho en la base y se va estrechando hasta llegar a la boca. Este recipiente, en la antigüedad era difícil de hacer, lo que lo volvía valioso por esto solo lo usaban para contener líquidos de alto valor, como el aceite de unción, perfumes exquisitos o un buen vino. También era común guardar lágrimas en las redomas durante los velorios o como muestras de compasión de los césares. Nosotros podemos derramar lágrimas en momentos de adversidad o desesperanza, donde parece que no encontramos solución.
En la Biblia podemos apreciar el lamento de Pedro. Él lloró amargamente cuando cantó el gallo luego de haber negado tres veces al maestro, él pensaba que había perdido toda esperanza de perdón. Sin embargo, en el evangelio de Juan, podemos ver que él se
arrepiente de esto delante de Jesús y es seguro que las lágrimas de Pedro fueron puestas en la redoma del señor, Él lo consoló, lo perdonó y le dio un propósito. “Apacienta mis
ovejas”
Al otro lado de la vereda, podemos ver a Judas, otro discípulo de Jesús, quien luego de entregarlo por 30 monedas de plata, sintió el remordimiento y parte de esto fue devolver
estas monedas. Pero no habiéndose arrepentido realmente, terminó él mismo ahorcándose.
Puedo ver como joven que Judas nunca buscó el perdón y tampoco se arrepintió. Ambos, Pedro y Judas estaban con los discípulos del maestro, pero la hora de equivocarse y pecar solo uno se arrepintió, solo uno se quebrantó.
Aplicación personal
Como jóvenes se nos ha enseñado a no ser almáticos, a no dejar que nuestras emociones nos controlen. No controlar nuestras emociones puede llevar a que lloremos por cualquier cosa que nos afecte, llorar por enojos, llorar de amargura, llorar porque no nos salen las cosas, pero el Señor nos centra. Si vamos a llorar derramemos lágrimas con propósito. Y el Señor siempre confiable, como decía el Salmista, Él estará siempre dispuesto a mostrar su amor, su misericordia. Y como parte de una promesa, Él nos consolará como lo hizo con Pedro. Jesucristo nos llama a volvernos a Él con lloro, como dic en Joel 2, 17. Como joven, para uno es más fácil remorderse después de equivocarse, al igual que Judas, por ser creyentes, debemos buscar un verdadero arrepentimiento. Pues pronto volverá el Señor y hay que estar limpios, quebrantarnos y arrepentirnos de nuestras faltas. Toda lágrima de arrepentimiento verdadero será recogida en la redoma del Señor y él nos dará consuelo y perdón.