“Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. 4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.” Jeremías 18:1-4
Muchas veces no queremos el trato de Dios en nuestras vidas y hay queja en nuestra boca. Como cristianos, debemos reconocer que su trato nos hace bien. A veces, es necesario atravesar situaciones difíciles para comprender el propósito de Dios. Nuestro Señor nos examina, y cuando ve que nos estamos echando a perder, nos hace de nuevo, pues Él conoce lo mejor para nosotros. Sin embargo, resistimos; no queremos ser formados a su manera. Tener fe es aceptar el molde de Dios. Si estamos deformes una y otra vez, ¿acaso no nos conviene ser vueltas a hacer? El quebranto y el dolor son parte de nuestro formación y crecimiento. ¿Lo aceptamos? Que haya alabanza en nuestra boca, pues sus pensamientos son de bien y no de mal.
El trato del Señor se lleva a cabo en la casa del Alfarero y se sella con fuego. Si realmente lo queremos, debemos hacer como Jeremías: levantarnos e ir al maravilloso Alfarero, accionar, estar dispuestos a ser formados, incluso a ser quebrantados. La formación del barro es costosa, y sin embargo, por sí misma no tiene hermosura. Cuando la vasija termina de moldearse, necesita el fuego para ser templada, y en ese proceso también puede quebrarse por alguna situación o prueba. En este punto, el Alfarero puede volver a hacerla. ¿Nosotras quisiéramos estar bien hechas? Hay dos respuestas para el cristiano: continuar en rebeldía o aceptar, sin más llanto, el anhelo de estar conforme a la voluntad de Dios y volar con Él.
Los procesos no siempre se entienden. Balaam no comprendía por qué la burra lo empujaba y le causaba dolor, y como él, muchas veces nos enojamos y lloramos. Pero levantémonos con una actitud correcta. Aun cuando todo parezca adverso, seamos mujeres sabias, sujetemos a la Verdad de Cristo.