¿Qué es el TDAH? 

Todo está bajo el control del Señor. Él es fiel y nos afirma que estará con nosotros siempre. En el trato con nuestros hijos y en la educación, podemos descansar en esa promesa. La pedagogía y la fe se encuentran en este camino: comprender las diversidades y acompañar en amor.

La OMS define un trastorno como una alteración de la función física o mental. El DSM-5 lo describe como un síndrome con alteraciones significativas en la cognición, la regulación emocional o el comportamiento.  

En la pedagogía vemos el diagnóstico:  

– TDAH con o sin hiperactividad.  

Muchos vemos niños inquietos, revoloteando, les cuesta poner atención.  

¿Todo niño inquieto tiene TDAH? No. La diferencia está en la constancia de las actitudes en el tiempo y en la dificultad sostenida para concentrarse.  

El diagnóstico lo realizan profesionales como neuropediatras, psicólogos, neurólogos o psiquiatras, mediante observaciones, instrumentos estandarizados y entrevistas con los padres. Antes de cualquier medicación prescrita, interviene el educador diferencial con estrategias pedagógicas. Es importante que los padres estén informados y den consentimiento, porque en algunos colegios se medica sin autorización.

¿Cómo podemos ayudar?

Los hábitos y rutinas son parte esencial del tratamiento:  

– Buenas rutinas del sueño.  

– Horarios para levantarse y acostarse.  

– Rutinas de higiene personal.  

– Organización de tareas con listas que los niños puedan ir marcando.  

La hiperestimulación con celular es opuesta al mejoramiento de los niños con TDAH, sucede que los niños se enfocan en una sola actividad y pierden capacidad de atención. Es recomendable poner música suave en la tarde para asociar el descanso y evitar la activación excesiva de la dopamina. La rutina empieza primero en la mamá: comenzar el día en paz, por eso es importante orar.

¿Cómo diferenciamos a los niños inquietos?

– Niños inquietos: actitudes marcadas pero no constantes, cambian de tema, su mente está ligada a muchos estímulos, tienen intereses variados.  

– Niños con TDAH: movimiento constante del cuerpo, ansiedad en casa y colegio, frustración rápida, dificultad para sostener la atención.  

En resonancias se observa que el cerebro puede ser más pequeño y la parte frontal no se desarrolla plenamente, afectando las funciones ejecutivas. La materia gris, que ayuda a la neurogénesis y la sinapsis, se ve afectada y no favorece las funciones ejecutivas.

El cerebro se termina de desarrollar entre los 4 y 5 años. La neuroplasticidad en edad preescolar forma hábitos y normas. A partir de los 6 años la personalidad comienza a definirse. Por eso es vital enseñar hábitos cristianos desde temprano: oración, alabanzas y disciplina espiritual.  

El trastorno puede durar hasta la ancianidad, pero el deporte y la actividad física ayudan a generar dopamina de manera saludable. Las familias sedentarias deben juntarse para que los niños se conozcan y compartan.  

Estudios señalan que entre un 75% y un 80% del TDAH tiene un componente hereditario. También influye la epigenética: cómo el entorno (familia, amistades, experiencias) impacta en el desarrollo del niño. Por ello, es fundamental un ambiente de apoyo y comprensión.

Estrategias para acompañar:

El método OORHR propone: organizar el espacio, mantener el orden, establecer rutinas y hábitos, y repetirlos diariamente. Puede aplicarse en el hogar, la escuela y otros contextos.

– Evitar pantallas hasta los 6 años; luego máximo 1 hora hasta los 12, y después hasta 2 horas.  

– Uso de temporizadores para enseñar noción del tiempo.  

– practicar actividades físicas para gastar la energía y se tenga un buen descanso.

– Incorporar música suave, tener tiempos para adorar.

– Ayudarles a tomar decisiones y comprender sus consecuencias.  

Las madres y padres deben transmitir paz, no ansiedad. La organización del hogar ayuda al niño a ordenar su mente, se parte por tener una casa ordenada.  

Un niño con TDAH necesita amor, instrucciones claras y acompañamiento. No se trata de ceder siempre, sino de guiar con firmeza y ternura. El Señor nos recuerda que no depende de las cosas materiales, o de no tenemos, estar con los hijos es importante, si confiamos Él pone en nuestras manos lo que necesitamos.  

Las abuelas, tíos o quienes estén mas cerca de nosotros deben apoyar sin romper las rutinas de los padres. La repetición y la constancia forman carácter. La disciplina en amor es la clave: “Señor, gracias por este día”, repetido cada noche, se convierte en hábito que nos hará bien que dará contención 

Desde una mirada cristiana, estos niños no deben ser vistos como un problema, sino como personas con una condición que requiere amor, comprensión y guía. 

Filipenses 4:8: nos dice en qué debemos poner atención. “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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