“E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada”. Éxodo 17:8-13
Los amalecitas, un pueblo nómada, eran descendientes de Amalec, uno de los hijos de Esaú con su esclava (Génesis 36:12). El odio que sentía Esaú se había ido transmitiendo a través de las generaciones (Génesis 27:41). Este pueblo frecuentemente estaba en guerra con Israel (Números 14:45) y con otros pueblos. Cuando tomaban un territorio, se aprovechaban de los lugareños, tomando las provisiones y la vida, además de hacer matanzas a niños y mujeres embarazadas (1 Samuel 15:3).
Este pasaje describe cómo los amalecitas atacaron a los israelitas en Refidim. La batalla estaba a cargo de Josué en el campo, pero Moisés, junto a Aarón y Hur, también estaban presentes. Ellos estaban en la cumbre del collado. Aquí pasó algo grandioso: cuando Moisés levantaba sus manos, sosteniendo la vara de Dios, Israel prevalecía, pero cuando las bajaba, prevalecían los amalecitas. Las manos de Moisés se cansaban, entonces Aarón y Hur tomaron una piedra y la pusieron debajo de él y se sentó en ella. Además, estos dos líderes sostenían sus manos, uno de cada lado. Juntos formaban una fortaleza (Éxodo 17:12).
Seguramente el pueblo estaba cansado, la batalla duró muchas horas. El pueblo había tenido sed y Dios les dio agua de una peña, les proveyó (Éxodo 17:6). La batalla se ganó porque Moisés mantuvo la vara en alto y Josué luchó bajo esa cobertura (Éxodo 17:13).
Muchas veces estamos enfriados espiritualmente, la pasión por el Señor ya no está, nos ensimismamos y pensamos que no servimos para nada, incluso nos endurecemos. ¿Por qué pasa esto? Algunas veces porque hay duda en la palabra de Dios (Santiago 1:6), otras veces por falta de búsqueda del Señor (Jeremías 29:13), por desviar la mirada (Mateo 14:30). La rebeldía del corazón de no querer someterse a la voluntad de Dios (1 Samuel 15:23). Por falta de oración y búsqueda de la palabra. Es ahí, en ese estado, en que somos atacados, como los amalecitas atacaban a Dios. No solo nosotros somos afectados, sino también nuestra familia, entre ellos los más débiles (1 Pedro 5:8).
¿Qué debemos hacer? Conversar sobre lo que nos sucede, pedir ayuda, pedir oración. Si estamos con las manos abajo, Dios pondrá hombres fieles que puedan levantar nuestras manos, como lo hicieron con Moisés. Aarón era un líder y Hur era un hombre sencillo, su cuñado. Su nombre significaba lealtad, pureza, prudencia. Los tres eran una fortaleza sobre la ROCA, que es Cristo (1 Corintios 10:4). Pero Josué, símbolo de nuestro Salvador, también peleaba en la batalla para alcanzar la victoria (Josué 10:8). El Señor pelea nuestras batallas, podemos confiar. El es nuestro Jehová Nissi, (El Señor es mi estandarte), con quien tenemos la Victoria.
No olvidemos, no estamos solos, podemos hablar de nuestras luchas con nuestros hermanos, pedir consejo a nuestros pastores, en medio de la congregación tener ayuda de ellos, y disfrutara del amor que tenemos (Gálatas 6:2).
Compartimos Imágenes de este hermoso culto de día miércoles.











