Es una rama de la ciencia que combina la neurología con la genética. Esta disciplina nace para entender cómo nuestros genes influyen en el desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso. Para ello, se realizan investigaciones sobre cómo las variaciones genéticas pueden afectar las funciones cerebrales y cómo posibles alteraciones pueden provocar diversas condiciones.
Tales como:
- Condiciones y enfermedades neurológicas (relacionadas con lo físico).
- Psiquiátricas (relacionadas con la mente propiamente tal), que se manifiestan en los comportamientos.
La neurogénetica sostiene un principio fundamental: los genes juegan un papel crucial y primordial en la formación del sistema nervioso, especialmente del cerebro, desde donde se originan las órdenes para el resto del cuerpo.
En palabras sencillas, los genes funcionan como planos para el desarrollo y la formación del cerebro y del sistema nervioso. Un gen es la unidad física y funcional de la herencia.
La neurogénetica plantea que, durante el desarrollo del embrión, los genes dirigen la multiplicación de las células nerviosas, su migración y su diferenciación en diversos tipos de neuronas y otras células esenciales del cerebro.
Además, estudia la interrelación entre los genes y el ambiente (epigenética). Factores como la nutrición, el estrés y las experiencias tempranas (entorno social, familiar y formas de expresión) pueden modificar la forma en que se expresan los genes. También existe variación genética entre los individuos, lo que genera conjuntos únicos e irrepetibles que pueden influir en la susceptibilidad a enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
Ministración
La epigenética puede entenderse como la influencia del estilo de vida, las conductas y las formas de vida de una persona o familia, y cómo estas impactan no solo en lo físico, sino también en lo emocional.
En palabras sencillas, tiene que ver con nuestro entorno social y familiar: cómo vivimos, dónde nos desenvolvemos y con quiénes nos relacionamos.
Si una persona lleva un estilo de vida desordenado, la epigenética puede influir en la forma en que se expresan sus genes y, de alguna manera, afectar a futuras generaciones (la herencia no depende de un solo gen, sino de la interacción de muchos genes).
Esto se puede relacionar con el concepto de iniquidad. El rey David dice: “He aquí, en iniquidad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5, versión RV60).
La iniquidad (pecados repetitivos) puede entenderse como un estilo o patrón de vida familiar que se transmite de generación en generación. De forma similar, existen enfermedades hereditarias que pueden repetirse en las familias.
Es importante identificar qué aspectos se heredan, tanto en lo físico como en lo conductual. Sin embargo, también sabemos que, en Cristo, los creyentes somos nuevas criaturas.
Nuestro cerebro, según la ciencia, tiene plasticidad; es decir, es moldeable. Además, algunas neuronas que se consideran perdidas pueden recuperarse. La neurogénetica ha permitido a los científicos estudiar formas de corregir mutaciones y enfermedades.
De nuestras conductas no podemos culpar a nuestros padres en totalidad, si bien influyen en nuestras decisiones, cada uno tiene la responsabilidad de cuidarse, esto es cuidar: mente, cuerpo y conducta.
Debemos identificar qué patrones de comportamiento son negativos (como el enojo o la murmuración, entre otros por ejemplo) y evitar transmitirlos a nuestras generaciones porque lo que no se transforma, puede repetirse. Por eso, es importante tomar decisiones conscientes para cambiar aquellos patrones, buscando una transformación personal. Con la ayuda de la luz de Cristo que cambia nuestras vidas.
Debemos tener cuidado especial en traspasar cualquier tipo de iniquidad, como padres reconocer el pecado y arrepentirse debe ser primordial, muchas veces se arrastran iniquidades de mentira, adulterio, murmuración, todo debe ser sujeto al Señor para que como nuevas criaturas al dar la batalla con el pecado este este vencido y limpiado, de manera de no traspasarlos a los hijos.