El equilibrio tiene que ver con nuestro cuerpo, pero también
tiene que ver con las emociones con lo que pensamos. Una
mujer cristiana equilibrada es prudente, ordenada,
equilibrada, mesurada, armónica, delicada tiene tacto para
decir las cosas. Es aquella que tiene proyectos de vida
coherentes, realistas acordes a su entorno entendiendo que
vive en un mundo Terrenal.
¿Dónde tenemos nuestra mirada? ¿Cuál es el camino que
estamos tomando en esta vida, a dónde vamos? En lo
humano podemos tener metas y eso es bueno, pero como
hijas de Dios debemos ser equilibradas y para eso
necesitamos ser ordenadas para alcanzarlas sin bajar la
mirada de Jesucristo sin olvidar lo que él quiere para nuestras
vidas y cuál es el propósito para nuestras familias.
Recordemos que las cosas de este mundo traen aflicción a la
carne y en muchas ocasiones nos quitan la paz. Esto es más
visible entre las personas que no tienen a Cristo y no ajeno a
nosotras sin embargo tenemos el Espíritu Santo que es
nuestra guía, que lleva a toda verdad en las batallas de la
mente, el corazón y las emociones.
Puede haber situaciones de escasez, por falta no debemos
desequilibrarnos, si no que confiar y creer la promesa no nos
faltará el agua y el pan. A veces queremos más cosas de las
que necesitamos, pedimos más de lo que nos pueden dar,
siendo demandantes, como casadas pedimos a los esposos,
no olvidemos que ellos son también vasos frágiles. Que el
Señor nos llene de Él con Su Espíritu Santo para no caer en
necedades, sino ser mujeres entendidas, aprovechando bien
el tiempo, dejando de ser flojas y negligentes. Nos hace bien
aprender busquemos tener un corazón enseñable.
La falta de perdón trae desequilibrio, entonces debemos
perdonar para no caer en amarguras, estados de ira, de
descontrol, no debemos dejar rienda suelta a las obras de la
carne de ninguna manera debemos dar paso a Espíritus
inmundos que toman ventaja en esas situaciones, estos llevan
a la autodestrucción, quitan la paz de uno y quienes nos
rodean.
Que gran ejemplo la mujer de Proverbios 31, una mujer
alabada, mansa, enseñable, dispuesta a cambiar, en sus días
alabada por quienes mejor la conocían, sus hijos y esposo.
Hagamos morir la carne, lo terrenal en nosotras. Gálatas 5:16
dice: “Andad en el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la
carne”. En oración se viven las adversidades, de rodillas
podemos pararnos con una actitud correcta y hablar con
Sabiduría con quienes vivimos, nos rodean. Nuestro Señor
Jesús un tremendo ejemplo por amor a nosotras no abrió su
boca, pidió la Voluntad de Dios para Su vida. Si somos
desequilibradas, hablando demás, peleando siendo
maldicientes e insaciables, arrepintámonos y vivamos como
cristianas, Cristo nos salvó y cambio, imitémosle en su
mansedumbre, si nos apartamos de Él nada podremos hacer,
lo bueno viene del Señor, la paz, el equilibrio la encontramos
en Él.
La mujer cristiana es equilibrada porque ella es nacida de
nuevo, es una mujer que tiene los ojos en Cristo, en lo
eterno.