Límites para las relaciones tóxicas

Está es una continuación del tema Relaciones tóxicas.

La palabra “tóxico” viene del concepto de “flecha envenenada”, que se origina en el griego toxón (“arco”), y más tarde dio lugar a toxikón (“veneno para poner en las flechas”) y al latín toxicum (“veneno”). Finalmente, pasó al español como “tóxico”.

Ser tóxico se refiere a un comportamiento que causa daño a otros, ya sea a través de críticas constantes, manipulación, falta de empatía o actitudes negativas que socavan el valor y la confianza. Según el grado de cercanía con la persona tóxica, la relación será más o menos nociva. Por ejemplo: los padres o la pareja.

Identifiquemos si somos tóxicas o estamos junto a personas tóxicas

Pregúntate:

  1. ¿Hablas mucho, escuchas poco?
  2. ¿Siempre te estás quejando?
  3. ¿Tomas decisiones unilaterales, sin consultar?
  4. ¿Eres posesiva, quieres manejarlo todo?
  5. ¿Acostumbras a hablar mal de los demás?
  6. ¿Te cuesta respetar los límites de quienes te rodean?
  7. ¿Comparas a tu esposo con alguien más?
  8. ¿Piensas que puedes hacer mejor las cosas que quienes te rodean?

Muchas veces podemos caer en la toxicidad cuando hablamos demasiado y nos volvemos egocéntricas, consumiendo al otro sin darle espacio. Esto es dañino.

Toxicidad en la familia

La familia puede ser un lugar donde haya toxicidad. Por ejemplo, una suegra que ha pasado tiempos difíciles puede volverse tóxica al rechazar el cariño de su nuera.

Una nuera siempre ha tratado a su suegra con cariño, la incluye en momentos especiales y la invita a ser parte de su núcleo familiar. Sin embargo, la suegra responde con desdén, interpretando las muestras de amor como exageradas o fuera de lugar. A veces, incluso se victimiza.

Un ejemplo: cuando la nuera le lleva un pequeño regalo, la suegra responde con frialdad: “No tienes que andar comprándome cosas, no soy una anciana desvalida.”

Esta suegra piensa que aceptar apoyo es perder su independencia. Claramente, este tipo de relación familiar es tóxica. Si se mantiene en esta dinámica, la nuera será dañada, y con ella su esposo y sus hijos.

¿Qué debe hacer la nuera?

Debe buscar sabiduría, para que la frustración no la vuelva tóxica y termine dañando a su esposo con discusiones que afecten su matrimonio.

Jonás fue echado de la barca, y cuando ya no estuvo con los marineros, la calma llegó a la embarcación. De la misma manera, podemos establecer límites en nuestras relaciones familiares. Esto es sano.

La nuera puede hacerlo reduciendo las visitas y evitando temas conflictivos. No debe alejar al esposo de su madre, sino alentarlo a seguir honrándola como madre. Hay formas de hacerlo, y el Señor nos da sabiduría. Guardemos el corazón y tomemos decisiones guiadas por el Espíritu Santo.

También podría haber relaciones tóxicas con otros familiares, lo que puede llevarnos a un distanciamiento sano, sin deseo de venganza ni maldad, sino por amor y en amor.

El impacto de la toxicidad en el hogar

El Señor nos ayude a no ser tóxicas en nuestras casas, a no ser madres que no respetan los límites de sus hijos ni sus vidas formadas. Hablar demasiado, recriminar sin escuchar, solo los alejará. No pongamos veneno en la vida de nuestros hijos, no los apartemos de nuestro lado.

Como mujeres, somos ayuda para nuestros maridos. Podemos levantarlos o hundirlos con nuestras actitudes, palabras de menosprecio, comparaciones y críticas. Ser mujeres tóxicas nos llevará a desiertos que Dios tiene preparados, o a tempestades y quizás peces, como el gran pez que tragó a Jonás.

El chisme y la murmuración traen amargura. Refrenemos la lengua, porque puede destruir nuestro hogar. Una mujer enojona afea todo y transforma lo bueno en negativo. No porque los demás sean malos, sino por lo tóxica que podemos ser.

Muchas veces juzgamos a los demás y vemos su pecado, pero ¿acaso Dios no perdona? ¿Solo nosotros alcanzamos la gracia salvadora? Pensar así es pecado. Hermana, hay perdón. Dios mete Su mano en lo más sucio y restaura.

Dios nos ayude a pensar, dejar de juzgar y sacar el veneno de nuestro corazón. Él conoce nuestros pensamientos cuando juzgamos, condenamos y deseamos venganza.

Ser guiadas por el Espíritu Santo

El tesoro del cielo, Jesús, no habita en murmuradores. No puede hacerlo. Él vino para darnos camino, y Su legado de amor nos ha sido dado para que hablemos con sabiduría y edificación.

Debe haber un crecimiento en nosotras. No sigamos como aquellas mujeres que nunca terminan de aprender. Obedezcamos, perdonemos, porque las almas son tesoros preciosos.

No seamos tóxicas, y si estamos rodeadas de personas que sí lo son, debemos evitarlas, no por desprecio, sino para que nuestra fe sea sana y nuestra relación con Dios sea firme.

En 2 Timoteo 3:2-5, se nos describe a aquellos que tienen actitudes tóxicas:

“Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, engreídos, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella. A estos evita.”

Pongamos límites para que no terminemos envenenadas. Guardemos nuestro corazón, busquemos sabiduría y permitamos que Su Espíritu nos guíe en cada relación. Así evitaremos caer en trampas y podremos vivir en paz, reflejando el amor de Cristo en todo lo que hacemos. Pongamos límites para que no terminemos envenenadas.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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