El Dios eterno no hace acepción de personas:
“A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. Porque si tú llegas a afligirles, y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor” (Éxodo 22:22-23).
Una viuda era una mujer que había perdido a su esposo, ella quedaba desprovista económicamente, ella no podía heredar los bienes de su esposo, porque ésta pasaba a los hijos varones o hermanos, aunque hayan hijas. La viuda quedaba expuesta a la pobreza, sin sustento económico ni protección. Por eso la Ley mosaica estableció estatutos para ampararla: no recoger todo en la cosecha, dejar espigas y frutos para que la viuda, el huérfano y el extranjero pudieran recoger (Deuteronomio 24:19). Dios mismo ordenó que no se aprovechara su vulnerabilidad. También estableció la ley del levirato (Deuteronomio 25:5-6) mandaba que el hermano del esposo fallecido tomara a la viuda para darle descendencia y conservar la herencia. Tamar fue ejemplo de esta ley, amparada en la familia de su esposo. Así también preservaba la genealogía del fallecido.
-Ruth, moabita, quedó viuda y pobre. Booz, aunque no era el pariente más cercano, por la ley del levirato la redimió con misericordia. Ruth fue cubierta, ella es parte de la ascendencia del Mesías. Aquí vemos que Dios cambia su historia y le da gozo a su vida.
Dios muestra su provisión a la viuda endeudada. En 2 Reyes 4:1-7, una viuda clamó a Eliseo porque el acreedor quería llevarse a sus hijos. Ella tenía solo una vasija de aceite, pero creyó al Señor. Dios multiplicó lo que tenía y tuvo provisión para su vida y sus hijos.
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“Honra a las viudas que en verdad lo son.
Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios. Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día.
Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta. Manda también estas cosas, para que sean irreprensibles; porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. Sea puesta en la lista solo la viuda no menor de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra. Pero viudas más jóvenes no admitas; porque cuando, impulsadas por sus deseos, se rebelan contra Cristo, quieren casarse, incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran. Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia. Porque ya algunas se han apartado en pos de Satanás. Si algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas.” 1 Timoteo 5:3-16.
Pablo exhorta a sostener a la verdadera viuda. En 1 Timoteo 5:3-16, Pablo enseña que la iglesia debe honrar a las verdaderas viudas: mayores de 60 años, dedicadas a la oración, con buen testimonio, hayan sido hospedadoras. Las jóvenes, en cambio, debían casarse para no caer en ociosidad, chismes ni tentaciones. La responsabilidad de cuidar, proteger, proveer primero era de los hijos, para que la iglesia no fuera agravada y luego la iglesia podía cumplir con el cuidado de las viudas.
Ejemplos de viudas en el Nuevo Testamento
– Ana (Lucas 2:36-38) la viuda dedicada al templo, tuvo en sus manos al Mesías y fue testigo de la redención. Dice que no se apartó del servicio para honrar a Dios con su vida. Hubo también una viuda pobre (Marcos 12:41-44) que honró a Dios con todo lo que tenía en el templo. Jesús resaltó que su ofrenda fue mayor que la de los ricos, porque entregó lo último que le quedaba. Dios merece ser honrado con todo lo que tenemos, sin dudar. “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).
A veces con familia, con más sustento que la viuda, no queremos dar como la viuda. El Señor nos ayude. Nos llama a confiar en Él, a honrarle con lo poco o lo mucho que tengamos, y a cuidar nuestro testimonio.
También vemos como Cristo tuvo compasión por una viuda, la viuda de Naín (Lucas 7:11-17) Cristo devolvió la vida a su hijo, él estaba en un ataúd, era su único hijo. Ella ya no quedó más desamparada.
Las viudas deben decidir entre servir a Dios o casarse si son jóvenes. La iglesia está llamada a protegerlas y a mostrar la misericordia de Cristo y mandó a instituir a Diáconos, para el servicio específico en el orden de Dios.
El Señor se presenta como defensor de la viuda, del huérfano y del extranjero. El Señor que cuidó a Tamar, a Ruth, a la viuda endeudada, a Ana, a la viuda pobre y a la viuda de Naín, es el mismo que hoy cuida a la viuda, le provee esposo, hijos, provision, su amor, su compasión, es más, dice el Señor:
“Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado”. Isaias 54:5