La tristeza

Según la RAE, tristeza tiene tres definiciones: 
1. Cualidad de triste. 
2. Estado de ánimo que se caracteriza por un sentimiento de dolor o desilusión que incita al llanto. 
3. Cosa que produce tristeza. 

La tristeza es una emoción humana que se caracteriza por sentimientos de desánimo, pérdida y desesperanza, que se experimenta en respuesta a situaciones dolorosas como decepción, fracaso, frustración o la pérdida de un ser querido, una relación amorosa, etc. Puede ser un síntoma de varias condiciones de salud mental como la depresión y el trastorno de estrés postraumático.



Características

– Físicas: llanto frecuente, rostro abatido, falta de apetito, desinterés, problemas de sueño, retardo psicomotor, fatiga constante. 
– Mentales: focalización en el problema, cansancio mental, falta de concentración, pensamientos intrusivos sobre la situación. 
– Conductuales: desmotivación para realizar tareas. 
– Emocionales: sentimientos de vacío o apatía, cambios de ánimo, pesimismo, miedo, dolor, soledad y autocompasión. 



Ministración

La tristeza es parte del ser humano. Puede venir incluso con pérdidas pequeñas que ocurren a lo largo de la vida: amistades, familia, trabajo, matrimonio, etc. Dios nos hizo sensibles, pero debemos canalizar la tristeza para que no se convierta en depresión, la cual puede llevar a la muerte espiritual y emocional.

La tristeza es normal, pero cuando la alimentamos puede traer pecado, apatía y muerte emocional. Todo lo que el Señor pone en nosotros —alegría y gozo— se va perdiendo y nos volvemos distantes. 

Jesucristo mismo identificó su tristeza y angustia: cuando sus amigos lo abandonaron, cuando Pedro lo negó, cuando murió su amigo Lázaro, cuando fue golpeado, escupido y rechazado por aquellos a quienes iba a salvar. La Escritura dice: 
“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:3) 

Él nos entiende porque pasó por todo eso. 

No debemos alimentar las ansiedades y las tristezas, pues pueden abrir puertas espirituales peligrosas. La Biblia nos da la solución: 

La tristeza que proviene de Dios nos lleva al arrepentimiento y a la vida; la del mundo, sin esperanza, conduce a la muerte espiritual. 


El llanto puede ser sanador, porque todo tiene su tiempo: 


Cuando bajamos la mirada y dejamos que gobierne la voluntad del “yo”, enfermamos espiritualmente. Jesús nos enseñó que debemos vivir en el Espíritu y en la verdad de su Palabra. 



“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28) 



Dios nos ayuda a analizar y meditar en la situación que nos lleva a la tristeza. Debemos preguntarnos: ¿qué está pasando?, ¿qué me lleva a sentir así?, ¿hay verdades que debo enfrentar? 

La respuesta está en las Escrituras: 
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.” (Hebreos 12:2) 

Busquemos la salida en las promesas de Dios, que son el verdadero aliento al corazón.

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