La Soledad

La RAE presenta dos definiciones: la primera es la carencia voluntaria o involuntaria de compañía; la segunda, un lugar desierto o tierra no habitada.

Los expertos señalan que la soledad puede ser un estado emocional y mental. En lo físico, se entiende como la ausencia de otras personas en el entorno; en lo emocional, como un sentimiento de desconexión que puede darse incluso estando rodeados de otros.

La soledad se divide en dos tipos:

  1. Soledad deseada: Es un estado elegido conscientemente. Se busca para lograr crecimiento personal, introspección, descanso o simplemente por preferencia.
  2. Soledad no deseada: Corresponde a la experiencia de insatisfacción y angustia por la falta de conexión social y emocional. Incluye la carencia de amistades, relaciones significativas o vínculos familiares con quienes compartir la vida.

Características comunes de la soledad no deseada:

  • Sensación de desconexión y aislamiento.
  • Pensamientos negativos hacia uno mismo y hacia la interacción social.
  • Apatía, desmotivación, agotamiento emocional, tristeza y abatimiento.
  • Sensación de marginación y de no ser suficiente para los demás.
  • Sentimiento de vacío interior e inquietud (frustración).

Ministración:

Podemos encontrar algunos tipos de soledad:

  • Soledad social.
  • Soledad emocional (falta de conexiones profundas).
  • Soledad existencial (de carácter y pensamientos más filosóficos).
  • Soledad situacional (provocada por cambios de vida, como una mudanza, entre otros).

La soledad también se menciona en la Biblia. En Jeremías 12:10: “Muchos pastores han destruido mi viña, hollaron mi heredad; convirtieron en desierto y soledad mi heredad preciosa.” (versión RV60).

Jeremías tuvo que soportar aislamiento por su ministerio y sufrió el rechazo del pueblo. Esto también se relaciona con el trato de Dios, quien a veces nos aparta de otros con un propósito. Incluso Jesús, aun rodeado de multitudes, experimentó aislamiento y habló de ello.

Hay soledades que son pasajeras y otras que permanecen en el tiempo, como en personas que viven solas por largos periodos, muchas veces en ambientes de desorden. La soledad puede convertirse en un estado del alma, una forma de abandono interno que refleja una necesidad no resuelta.

Como seres humanos, necesitamos compañía y vínculos para estar bien. Por eso dice el Señor: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). En otro versículo dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).

Cuando atravesamos sentimientos de soledad, estas experiencias son reales, pero no debemos permitir que enfermen nuestra alma. Debemos aprender a canalizarlas y llevarlas a la verdad de Cristo. Él nos guía y nos enseña.

Cuando caminamos en el Espíritu, la soledad pierde fuerza; cuando caminamos en la carne, la soledad se intensifica.

Preguntémonos: ¿Estamos viviendo en la carne o en el Espíritu? ¿Por qué nos sentimos acongojados o solos? La soledad está relacionada con nuestras decisiones. Es parte de la vida y debemos prepararnos para enfrentarla. Allí es donde nuestras emociones se enredan, y la soledad, como estado del alma, puede nublarnos.

Es necesario ordenar nuestros pensamientos para alcanzar sanidad mental y espiritual. Dios nos prepara para estos momentos, y aunque viviremos situaciones difíciles, el Señor viene a ayudarnos. Él desea sanarnos.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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