“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12:2
Son palabras mencionadas después de Hebreos 11, ahí se nos hablaba de los hombres de fe, como habían puesto ojos en La promesa de Dios, ellos no habían recibido lo prometido de forma visible, pero si por fe.
En el griego puestos los ojos viene de una sola palabra “aforáo” que significa considerar atentativamente. Y el verso dice en el griego, mirando atentamente hacia dentro a él con confianza a Jesús el gobernante, conductor y completador.
No podemos ver a quien no conocemos, no podemos ver a Jesús si no tenemos intimidad con él, pero eso es posible si tenemos tiempos en oración y leyendo la palabra que es lámpara para caminar. Y en el tiempo nos vamos llenando de él, nuestro corazón va siendo fuente de lo decidimos y de ahí salen los pensamientos dice la palabra. Puestos los ojos en Jesús nos está diciendo que miremos a quien habita en nuestro corazón y decidamos en él por él, ¿Quién está dentro? Puestos los ojos en Jesús nos dice que oigamos la voz del Paracleto, veamos su guía. Como dice del griego mirar a Jesús es mirar a él como Gobernante por tanto nada sale de su control, de su Soberanía, como él es el conductor quien guía el corazón de los gobernantes, así como lo hace con el cauce de los ríos, y como completador quien terminara la buena obra en nosotros. Si miramos a él podremos dar pasos de fe en Su preciosa Voluntad perfecta. Poner los ojos en Jesús es poner la mirada en el la Plomada divina. Es ver la lienza que esta derecha para la construcción de nuestras vidas que guía cada ladrillo en Su propósito para nuestro bien cuando le vemos, pero si desviamos la mirada de la lienza con seguridad el ladrillo construirá sí, pero estará desviado y hará mal y más temprano que tarde la construcción se desestabilizará. Dios nos da esta palabra para que no erremos. Es una orden que nos conviene a nosotros.
La Biblia da ejemplos de quienes desviaron su mirada y las consecuencias que trajo para sus vidas y los demás que les rodearon.
PEDRO: Estaba Jesús hablando con sus discípulos les decía “Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea” Mateo26:31-32. Entonces Pedro estando enfrente del maestro le dice “yo nunca me escandalizaré” Pero Jesús que conoce todo le dice que lo negara tres veces, Pedro insiste y hace que todos los discípulos digan lo mismo. Se puede ver a Cristo y desviar la mirada de la plomada divina cuando nos vemos a nosotros y vemos lo “capaces” que podemos ser de algo. El Señor nos ayude cuando nos ensimismamos.
DAVID: El rey estaba conquistando lo que Dios había prometido para su pueblo, David era un gran guerrero, pero en una ocasión David se quedó en Jerusalén y ahí cuando se paseaba por el palacio vio a una mujer la vio hermosa y la codicio cayendo en pecado (2 Samuel 11). David desvió su mirada del propósito de Dios, y no lo alineo con la ley que conocía esto desagrado al Señor (2 Samuel 11: 27), ese ladrillo mal puesto tuvo consecuencia en su familia, en su reinado. Vemos que sus ojos fueron velados y mando a matar al inocente Urías, esposo de la mujer.
SANSON: Dios había puesto la plomada, él no debía estar con filisteas, pero puso sus ojos en ellas y este pecado fue terrible para él, Dios lo abandono. Los filisteos le sacaron los ojos y lo llevaron a una cárcel. Desvió su mirada y quedo ciego y el pueblo estaba oprimido (Jueces 16:4-22).
MOISES: Estaba pronto a llegar a la tierra prometida, no considero por enojo, no miro atentivamente La roca y la golpeo dos veces, no considero que Dios le dijo que le hablará (Números 20) Desviar la mirada hacia el pueblo hizo que no mirara la tierra prometida.
LA MUER DE LOT: Ella estaba viendo la Salvación de Dios, estaban siendo guiados por ángeles del Señor para salvar sus vidas, pero las codicias de su corazón desviaron su mirada de una salvación tan grande, y mirando lo que quedaba atrás nunca más vio para vida, se convirtió en una estatua de sal. (Génesis 19:15-29)
SAUL: Vio lo engordado del ganado que tenía que matar, pero él quiso hacerlo a su forma, en su vanagloria no mato a los todos los amalecitas, y trajo mal a Israel, el desvió su mirada y Dios se apartó de él. 1 Samuel 16:14.
JUDAS: No vio al maestro, vio su codicia, y aunque estaba día a día con la plomada delante de él nunca se alineo su corazón hasta convertirse en el hijo de la perdición.
Son ejemplos de desviar el corazón, de no poner los ojos en Jesús el Soberano, el Santo, el Salvador, el dador de fuerza, el Emanuel. Vemos mucha tristeza en cada acto, infelicidad, desamparo; desviar la mirada de la Plomada Divina solo traerá destrucción. En la gracia de Dios para sus hijos si hay arrepentimiento traerá destrucción para reconstrucción, en Pedro su arrepentimiento le hizo ver lo miserable que fue y ver el amor de Jesús hasta confesarle de todo corazón que le amaba, y testimonio de esto que, si dio su vida por EL, como un día lo había dicho. David encontró perdón, y Dios de la mujer que tomo tuvo un hijo, Salomón, un gran rey. En arrepentimiento Sansón volvió a ver la plomada y recobro la vista y se le permitió cumplir parte de su propósito. El Señor nos hace mención especial de la mujer de Lot, ella no tuvo la oportunidad, no quiso, y no vio, Saúl tampoco ni Judas. Despreciaron la salvación, fueron empedernidos en su mirada humana, cauterizada. ¿Están nuestros ojos puestos en Jesús? Que en este día enderece nuestra mirada, que lloremos como Pedro si hemos desviado la mirada, ese arrepentimiento sea en el espíritu, le amemos desde dentro. Amamos a quien conocemos. Hoy por sus muchas misericordias no hemos sido consumidos (Lamentaciones 3:22). En Salmo 34:5-10 dice
“Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados.Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende.Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él.Temed a Jehová, vosotros sus santos, Pues nada falta a los que le temen.Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien”.
Así es Amén.