Las perlas son formadas dentro de las ostras como una respuesta a una herida o a la presencia de un parásito. Cuando un cuerpo extraño entra en la ostra —puede ser un grano de arena, un fragmento de concha o incluso un parásito— la ostra reacciona como defensa natural y lo recubre con capas de nácar.
El nácar es una sustancia compuesta de aragonito y conquiolina, que con el tiempo y los años se va depositando en múltiples capas hasta formar la perla. Este proceso puede tardar entre 2 y 7 años, y en algunos casos hasta 10 años para las perlas más finas y valiosas.
Existen diferentes tipos de perlas:
- Naturales: Se forman sin intervención humana, muy raras y valiosas, halladas en océanos y mares.
- Cultivadas: Se inducen insertando un núcleo en la ostra; se producen en lugares como Japón, China, Australia y Tahití.
- De agua salada: Suelen ser más redondas y brillantes.
- De agua dulce: Más variadas en formas y colores, menos costosas, cultivadas en ríos y lagos.
Los colores de las perlas son diversos: blanco, crema, negro, gris, dorado, rosa, lavanda, azul o púrpura. Su brillo especial proviene de la iridiscencia, que es la refracción de la luz en las capas microscópicas del nácar.
Así, lo que comenzó como una herida se convierte en una joya preciosa, símbolo de belleza y valor.
Mateo 13:45-46 nos dice: “El reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas; y habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.”
Así como la ostra, también nosotros como mujeres enfrentamos heridas en nuestra vida; estas pueden ser: la infidelidad, la falta de trabajo, la dureza de otros hacia nosotros, promesas que no se cumplen. En medio de todo, oramos pidiendo que el Señor nos ayude en el dolor. Lo primero que pedimos es que seamos libradas de las aflicciones, las heridas. Pero muchas veces la herida debe estar ahí para que veamos el proceso de sanador del Señor y ese proceso es el mismo por el que pasa la perla: permitir que sea cubierta la herida conforme pasa el tiempo, cubierta en el proposito del Señor y a la forma de Dios, es bello el final, es cierto que hay belleza en el dolor.
Parte del cristiano es permitir que nuestro Señor nos forme y purifique, en proceso doloroso Dios se manifiesta y muestra su poder Su gracia llena amor y propósito. La gracia que nos cubre porque:
Cuando enfrentamos la infidelidad, el corazón se hiere en lo profundo vienen muchas preguntas. Sin embargo, el Señor recubre esa herida con el nácar del perdón, y de allí nace en lal oración la paciencia hermosa virtud que nos sostiene en medio del dolor, hermoso brillo de la Luz de nuestro Señor.
Santiago 1:2-4 – “La prueba de vuestra fe produce paciencia
Cuando nuestro orgullo es herido, a uno lo sorprende, no se entiende muchas veces, pero Dios permite que se forme una capa de nácar de mansedumbre. Ese recubrimiento nos hace mansos, y nos lleva a ser humildes, fácil a la mano y nos dice que nuestro Señor nos está formando, y dependemos de su maravillosa perfecta voluntad.
Cuando recibimos críticas y desprecio, la herida puede ser profunda, las críticas de los hijos duelen, ellos frecuentemente buscan emanciparse, y llegan a las faltas de respeto en su intento; otros tienen los corazones endurecidos. Pero el nácar de la templanza nos cubre esa herida, nos permite callar, esperar; el Espíritu Santo nos fortalece dándonos el dominio propio, que nos ayuda a responder en paz con sabiduría. Todo es parte del trato de Dios.
Cuando vivimos soledad o falta de apoyo, el Señor recubre esa carencia con el nácar del amor y podemos actuar con amor, para un día acompañar a otros. De ese proceso surge la compasión, la esperanza.
Romanos 5:3-4 – “La tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.”
Pueden preguntarse: ¿Acaso no hay otra forma? Porque es de esta forma, porque la herida, el dolor, la espera. Pero no hay muchas veces otra forma, es la herida que con el Señor se transforma algo hermoso, valioso. El Señor nos dice
“Te voy a formar”, así sufrió nuestro Señor.
Cuantas podemos decir gracias Señor por el proceso doloroso.
El proceso no tiene que ver con lo pasajero tiene que ver con lo eterno. Son procesos aceptados de los que salen virtudes de nuestro Señor porque nos forma para la eternidad. Cada proceso es un peldaño más hacia la gloria.
Cada mujer tratada no fue formada con plata ni con oro, sino con su vida. Somos piedras preciosas en las manos del Señor, formadas a Su imagen.
“Gloria al Dios de los propósitos, al coleccionista de perlas.”
Malaquías 3:17 – “Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos.”