Deriva del latín pax, accetía veli. Algunas de sus acepciones son:
- Situación en la que no hay lucha armada en un país o entre países.
- Relación de armonía entre personas, sin enfrentamientos ni conflictos.
- Acuerdo alcanzado entre naciones que pone fin a las guerras.
- Ausencia de ruido o ajetreo en un lugar o momento.
- Estado de no estar perturbado por ningún conflicto o inquietud.
¿Qué es la paz?
El sitio conceptode.com dice que es un estado de bienestar, tranquilidad, estabilidad y seguridad, opuesto a la guerra. Es un estado de armonía libre de contratiempos, conflictos y guerra.
Es una cualidad deseable, universalmente valorada por todas las culturas, estados, países, hogares, relaciones interpersonales e incluso en el interior de cada individuo.
La palabra paz proviene del hebreo Shalom, usada como saludo y despedida. Este término presenta un significado más amplio: “ausencia de conflicto”. También implica descanso interior dado por la presencia de Dios, más allá de las circunstancias externas. Tiene que ver con que nada esté roto ni dañado.
Según la RAE, paz significa: bienestar, plenitud, armonía, salud, calma, tranquilidad, igualdad, justicia y equilibrio.
Ministración
La Biblia dice en Isaías 9:6:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”
Jesucristo es la paz. Nosotros siempre tenemos caos en nuestro interior, y el único que puede darnos ese fruto de la paz es el Señor. La paz que conocemos cuando no somos cristianos es pasajera.
Cuando se levantan situaciones en nuestras vidas, podemos tener paz o no. Eso depende de cómo estamos plantados en el Señor. No podemos hacer nada sin Él. En medio de las incertidumbres de la vida, cuando no sabemos cómo manejar el momento, el Señor nos da paz. Debemos buscar al Soberano, soltar el control de la situación y permitir que el Señor nos guíe. Debemos esperar en Él.
Muchas veces luchamos con nuestras ansiedades, y eso nos roba la paz. La paz que no es de Cristo es pasajera, y pronto viene el caos a nuestras vidas. ¿Estamos parados en la Roca?
Las circunstancias difíciles siempre van a estar: la economía, la salud, problemas en la iglesia, en casa, en el trabajo. Frente a estas situaciones debemos ver dónde estamos fundamentados, dónde estamos parados. Tenemos que estar bien calafateados —como dijo nuestro pastor— para que el agua no entre por todos lados durante las tormentas de la vida. Debemos prepararnos, pararnos y confiar en el Señor.
Jesucristo dijo:
“Basta a cada día su propio mal.” — Mateo 6:34
Adelantarnos, especular y no tener control sobre nuestras emociones nos lleva a caminar en el vacío, en nuestras inseguridades. Caminar sin Cristo.
El salmista dice en la Biblia:
“En el día que temo, yo en ti confío.” — Salmos 56:3
Cuando vienen situaciones difíciles, el trono del Señor es inmutable. Nada sucede si Él no lo permite. Solo el Señor tiene el control de las situaciones que nos amedrentan.
No tenemos paz porque no conocemos en totalidad al Dios soberano a quien servimos. Cuando empezamos a conocer al Señor y comenzamos a distinguir su Palabra, cuando Dios habla, Él cumple sus promesas.
¿En quién creemos? ¿En los jefes que nos aumentan el sueldo? ¿Solo en los doctores? Debemos creer en un Dios todopoderoso para ver su gracia y su amor. Él quiere que soltemos el control y caminemos en obediencia y fe.
El Señor es nuestro ayudador. Él tiene cuidado de sus hijos. Él es el Príncipe de Paz. Él se lleva toda ansiedad. Descansemos en el Señor. Él es nuestro gozo, nuestro sustento.
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” — Filipenses 4:6-7