La oración


La oración, según la Biblia, pueden ser de muchas formas según la posición del cuerpo de la persona. Sin embargo deben ser con  un corazón sincero. 

Una de las posturas más comunes es la oración de rodillas, esta es una forma de mostrar de humildad y reverencia. Pedro oró así cuando resucitó a Tabita: 
Hechos 9:40 — “Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró…” 
También Pablo  Efesios 3:14 — “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo.”

La oración de pie era más frecuente que la de rodillas.  Jesús habló de dos hombres que subieron al templo a orar, uno de ellos el fariseo, que oraba puesto en pie. 
Lucas 18:10–13 — “El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo”  Aquí vemos que su oración no era a Dios.
El publicano, sin embargo, se mantuvo a distancia, sin alzar los ojos, mostrando arrepentimiento profundo.

Otra postura es la postración con el rostro en tierra
Números 16:22 — “Y ellos se postraron sobre sus rostros…” 

Vemos a nuestro Salvador antes de ir a la cruz  de esta forma orando.
Mateo 26:39 — “Se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa”

También encontramos ejemplos de oración sentado, como el rey David, quien se sentó delante del Señor para orar con gratitud y asombro. 
2 Samuel 7:18 (NTV) — “Entonces el rey David entró y se sentó delante del Señor y oró…”

Incluso hay momentos de oración acostado en  cama o descansando, ahí en la intimidad.
Salmos 63:6 (TLA) — “Me acuesto y me acuerdo de ti; durante toda la noche estás en mi pensamiento.”

La inclinación de la cabeza y del cuerpo también aparecen como una forma de oración. 
Éxodo 34:8 — “Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.”

Jesús mismo oró con los ojos alzados al cielo, mostrando comunión directa con el Padre.   Juan 17:1 — “Levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado…”

Finalmente, la postura de manos levantadas expresa entrega, súplica y adoración. 
Esdras 9:5 — “Me postré de rodillas, y extendí mis manos a Jehová mi Dios.”

De la forma que oremos debemos orar a Dios conforme a Su Voluntad, de lo contrario comenzaremos a orar y, sin darnos cuenta, empezamos a repetir frases, usando muletillas que no edifican. Esto no impacta a Dios. Lo que Él recibe es un corazón quebrantado y humillado. La oración no es una fórmula ni una rutina; es comunión con el Padre.  

Salmo 51:17 — “Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”  

Dios nos educa en la oración. Nos forma c9n Su Palabra, nos corrige, nos guía por el Espíritu Santo.

Oramos con los ojos cerrados como señal de respeto, para evitar distracciones. Alzamos los ojos al cielo, pero no al frente, para no enfocarnos en las personas. La postura que tengamos  refleja la  reverencia, pero lo que realmente importa es la actitud del corazón. 

En la oración pública, muchas veces caemos en vanas repeticiones. Repetimos lo que otro ya ha dicho, usamos frases sin contenido, y nos volvemos redundantes. En un mismo culto repetimos lo que otros ya oraron, corregimos. Esto es arrogancia. 

El Señor nos dice en Mateo 6:7 — “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles…”  

Frases como “Señor, te damos gracias…”, “Señor, Señor…”“Padre amado…”, “En el nombre de Jesús…” ,  “Tú eres bueno…” o “Estamos en tu presencia” pueden convertirse en muletillas si no están guiadas por el Espíritu. No añaden revelación ni dirección. Son como ruido.

En la oración pública debemos orar con respeto, consideración y amor delante del Señor. Cuando se ora con humildad y propósito, Dios responde.  

Esdras 10:1 — Esdras oró públicamente y el pueblo se arrepintió.

La oración privada, en cambio, es guiada por el Espíritu. Puede ser mas extensa, desde adentro del alma, con gemidos indecibles.  

En lo secreto, estamos tal cual somos delante de Dios. No hay apariencia, solo intimidad.

Cuando oramos por la Palabra, debemos pedir por ejemplo que edifique como martillo, que quebrante lo que debe ser quebrado.  No es necesario orar por el predicador, a menos que se solicite. Si lo hacen, oramos para que la Palabra fluya de su boca con poder y claridad.

Si se pide oración por enfermedad, debemos ser puntuales y específicos. No divagar.  

Santiago 5:16 — “La oración eficaz del justo puede mucho.”  

Y más que pedir sanidad inmediata, debemos pedir conocer el propósito de Dios en medio de la prueba. Reconocer su soberanía.  En la Biblia vemos que dice en Juan 11:4 — “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios…”

Cuando comenzamos a divagar en la oración, pidamos dirección, seamos honestos y el Espíritu Santo nos ayudará.

Y si Dios revela algo, obedezcamos. No hay oración que cambie su decreto.  No lo convencemos con llanto ni con tiempo. La oración no es manipulación, es reconocer que lo puede todo y ante ello rendirnos. 1 Juan 5:14 — “Si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye.”  

Ser puntual en la oración no significa limitar palabras, sino estar alineados con el Espíritu. Jesús oró por Lázaro pocas palabras, pero con poder.  Su oración depende de su relación con Dios, que espíritu oiga la Voluntad del Padre, porque Dios nos conoce, muchas veces oramos historias de vida de las personas, Dios ya lo sabe, oremos la necesidad. 

La oración es esperanza, pero solo llega al Padre por medio de Cristo.   Juan 14:6 — “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida…”  

Y debe estar acompañada de fe porque es imposible agradar al Padre sin fe.

La oración en lenguas puede ser para edificación personal o comunitaria.  

1 Corintios 14:4 — “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica…”  

Cuando es guiada por el Espíritu, desata bendición.

La oración que pide bendición debe ir acompañada de acción. Como la viuda que solo tenía harina, pero dio lo que tenía.  

 1 Reyes 17:12–16 — La viuda obedeció y Dios multiplicó.  

A veces lo que falta no es más oración, sino más amor. La gracia se derrama en obras, no en egoísmo.

Conozcamos a Dios. Las vírgenes prudentes tenían aceite en sus vasijas. Necesitamos el Espíritu, que nos revela a Cristo y nos lleva al Padre.  

Y debemos preguntarnos: ¿Conocemos a Dios? ¿Nos conoce Él?  

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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