La Real Academia de la Lengua define “oponente” como adjetivo de alguien que opone o se opone; grupo de personas que se oponen a otra u otras en cualquier materia. Oponerse es “oponere”, que significa poner delante o enfrentar, y deriva del término latino “ponere”, que significa poner.
Oponente, en la actualidad, tiene varios significados: en el deporte, política, cine (antagonista), concursos.
Ministración
Ser oponente es lo contrario al silencio cómplice. Parece ser negativo, pero el resultado es positivo. Tenemos un caso en la Biblia de Pedro, en Mateo 26:69-75, cuando negó a Jesucristo las tres veces. Él faltó a la verdad, pero las personas que lo identificaron fueron sus oponentes a la forma de ser de él, porque estaban en contra del pecado de Pedro, y se levantaron a la verdad, ya que él andaba con Cristo. Muchas veces guardamos silencio y somos cómplices de los pecados de los demás.
El oponerse no quiere decir que los demás están equivocadas. No debemos guardar silencio porque con el tiempo causa daño. En el caso de Juan el Bautista, por decir la verdad, no se hizo cómplice del pecado del rey Herodes y Herodías, la mujer de su hermano. La Biblia no tiene las formas del mundo.
Nosotros, como hijos de Dios, vivimos en la gracia del evangelio y el Espíritu Santo nos lleva a toda verdad y a toda justicia. En la Biblia dice: “Amados, por el gran empeño que tenía en escribirles acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribirles exhortándolos a luchar ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos” (NBLA).
Dios ama, perdona, restaura, limpia, purifica; pero debemos estorbarnos unos a otros, pararnos en la verdad, en nuestro corazón primero, ya que es una postura, una decisión de vida, y luego oponernos en la verdad con la otra persona. A veces pasamos por buenos y somos malos. La Palabra es para nosotros; ella nos enseña cómo regirnos en nuestra vida y a conducirnos en el día a día.
Solo por escuchar podemos ser cómplices del pecado ajeno. Al hacer esto, estamos ensuciando nuestras vidas, nuestra casa, nuestro altar, porque queremos quedar bien.
En la Biblia dice: “Mientras lo apedreaban, Esteban oró, diciendo: ‘Señor Jesús, recibe mi espíritu’. Luego se puso de rodillas y gritó con voz fuerte: ‘¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado!’” (DHH). Esteban fue apedreado por hablar la verdad de Cristo, defendiéndolos y diciendo: “Padre, no saben lo que hacen”. Aguantó las piedras, el escarnio, los defendió, y no fue víctima.
Satanás es el principal opositor de las cosas de Dios, junto a los principados, potestades y entidades del mal, para que lo de Dios no se conozca. Pero nosotros nos debemos oponer a esas cosas. Cristo dijo: “Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí” (RV60).
A veces tenemos una forma de pensar muy apresurada que puede llegar a ser equivocada, porque no razonamos bien. Nos paramos con la verdad, no tan solo contra las obras de la carne. Debemos cuidar nuestro evangelio.
Debemos defender nuestra fe, porque en estos tiempos no la defienden quienes deberían. En la Biblia dice: “Todos nosotros somos como el inmundo, y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas; todos nos marchitamos como una hoja, y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran” (LBLA). Así ve la justicia el Señor. La religión que no cambia al hombre es vana.
Debemos oponernos a toda clase de males y mentiras del enemigo. No guardemos silencio cómplice. Limpiemos nuestra casa. Debemos hablar toda verdad. No la neguemos.
Que el Señor nos ayude.