“Y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninuna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad?” – Lucas 13:11-12.
Los tiempos de nuestro señor las mujeres eran excluidas de la sociedad punto un ejemplo fue la alimentación de los 5000 ahí solo se cuenta a los hombres y se menciona que habían mujeres y niños, pero sin contarlos.
Lucas 13:10-17 relata un hermoso episodio en el que Jesús muestra su compasión y poder para liberar a una mujer que llevaba dieciocho años enferma y encorvada.
Esta mujer sufría físicamente y emocionalmente debido a su condición. Su espalda estaba doblada, y no podía mirar hacia el cielo. La Biblia dice que es acusa de un espíritu que la afligia. Muchas veces no somos sanas no por que Dios no quiera.
Jesucristo recorría toda Galilea anunciando el Evangelio, las buenas nuevas de Dios. En los caminos las multitudes le esperaban, entre ellos muchos enfermos para ver un milagro en sus vidas, milagros. A pesar de su sufrimiento, ella tenía fe y buscó a Jesús, sabía su poder. Fue a la sinagoga, a el lugar donde las mujeres podían estar, y allí encontró al Señor.
Jesús vio a la mujer y la llamó. Le dijo: “¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad!” Luego, puso las manos sobre ella, y al instante, la mujer se enderezó y comenzó a alabar a Dios. La mujer ya ni era más encorvada, fue liberada del espíritu que la tenía así.
Podemos preguntarnos: ¿ Qué puertas habrá dejado abiertas en su vida?
¿Y nosotras en que estamos encorvadas? ¿ En que formas? Necesitamos la plomada del Señor sobre nuestras vidas, Jesús como un albañil examina nuestro corazón, ve nuestra condición y quiere enderezarnos, es más allá de lo físico, porque con una palabra el sana, pero quiere un trato profundo en nuestras vidas quiere librarnos de ser encorvadas espirituales. Quiere libertarnos para que dejemos de ver el piso, lo terrenal, nos llama y nos dice la verdad que: somos orgullosas, rebeldes, que nos falta fe.
Aunque parezca que estamos bien, el Señor conoce nuestro corazón. Él ve lo que está oculto y nos llama a su luz.
Jesús sigue enderando vidas, no ha cambiado, es el mismo hoy. Si estamos “encorvadas” hoy también llama, oigamos su voz, vayamos a el y escuchemos: ¡Mujer, quedas libre de tu enfermedad!
¿Qué ganamos con correr de un lado a otro y no ser cambiadas?
Hagamos un Selah que el tiempo de nuestra redencion se acerca, levantemos nuestras cabezas a la voz del Maestro (Lucas 21:28).
Hoy esperemos erguidas al Señor, sin cargas, puesta nuestra vida delante de Él.
Sea alabado nuestro Salvador, que su plomada no se aparte de nosotros, el nos dará la Victoria y un día le veremos.
Compartimos Imágenes de este hermoso culto de día miércoles.










