La mujer de los tiempos biblicos

La mujer en los tiempos bíblicos trabajaba mucho en su hogar desde muy temprano, moliendo el grano, cargando agua, tejiendo y educando a sus hijos en las leyes de Dios. Se han encontrado osamentas de mujeres con  desgaste en sus huesos, especialmente en el manguito rotador, evidencia de la duro y constante trabajo de sus labores. Hoy, muchas mujeres salen de sus casas para trabajar, pero gran parte de lo que ganan se consume en vestidos, carteras, zapatos, transporte y comida fuera, y lo que parece un aporte termina siendo un desgaste. Buscan darles un buen pasar a sus hijos, pero muchas veces ellos terminan apartados de Dios, se crían solos, con mucha autonomía e influencias de otros, pero  lo que más necesitan es tiempo, instrucción y el cuidado de sus almas por parte de sus madres. 

 Una mujer sin esposo está obligada a trabajar, una viuda o una soltera puede trabajar y sostenerse, y eso es bueno para ellas; pero una mujer casada con hijos debe cuestionarse si ese esfuerzo o desgaste de trabajar fuera del hogar está en la voluntad de Dios. Podemos dar testimonio que hemos visto la mano del Señor en tiempos de estrechez, cuando Él mismo proveyó lo necesario, incluso más allá del día a día.  Muchas veces tocaban las puertas y llegaba lo que se necesitaba. Hay que creer al Señor.

Algunos esposos piden a sus esposas que no trabajen pero al no escucharlos, traen males para sus vidas. El hogar necesita unidad. Algunas creen saber el camino y se ensimisman, olvidan o desconocen que el esfuerzo de las antiguas mujeres fue grande.  Hoy, aunque no molemos trigo, el desgaste sigue siendo real, la enfermedad empeora pero tenemos la seguridad que: Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece, y Él ve cómo está la casa, si se provee lo necesario y si se mantiene limpia y adornada como la mujer de Proverbios. Esto debemos cumplirlo.

Hoy muchas buscan igualdad de roles, pero ese no es el diseño de Dios. Las que no trabajan fuera reclaman sin ver el esfuerzo de sus maridos a que ellos también cooperen en casa, no consideran que el trabajo de sus esposos es arduo y llegan a casa buscando descanso, ellos salen para proveer ko para otros fines que no sea el hogar.  Las que trabajan olvidan que al llegar a casa deben ponerse de acuerdo con sus esposos, sin ser demandantes con faltas de respetos porque Dios ve si faltamos a ellos.  

Vea la bendición que tenemos hoy en casa: lavadora, tendedero, comodidades que antes no existían. 

Si tenemos hijos, tenemos la obligación de enseñarles, podemos descansar que no nos faltará, porque el Señor nos promete pan y agua, pero no promete carteras ni perfumes, deseos. Nuestra vida debe estar en orden, porque hoy el Señor nos amonesta a ser sensatas, a ocupar lo que tenemos con sabiduría. La mujer virtuosa se levantaba temprano, se preocupaba de la ropa de su esposo y de sus hijos, y administraba con diligencia. El mundo está mal porque han cambiado los valores, pero nosotras debemos volver al diseño de Dios, viviendo con fe, gratitud y responsabilidad en el hogar.  

Podemos preguntarnos: si estamos viviendo el diseño de Dios para nuestras vidas, con la mirada en el Señor o estamos afanadas en lo del mundo. Consideremos el alma de los hijos, de la familia. 

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