La lengua punzante es una forma de hablar que puede ser hiriente, cortante y provocar dolor. La Palabra nos dice en Proverbios 12:18: “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.” Jesús mismo confrontó a los fariseos diciendo: “¡Generación de víboras! De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). Lo que tenemos en el corazón, eso mismo vamos a hablar. Si hay cosas malas en el corazón, saldrán palabras malas; si hay bondad, saldrán palabras buenas.
La lengua punzante habla sarcasmos, burlas, preguntas hirientes y comentarios dolorosos. Muchas veces puede ser intencional o no, puede expresarse con palabras pero también con con gestos y miradas, y puede dirigirse tanto a una persona como a un grupo. A veces nos damos cuenta de lo que decimos, otras veces hablamos sin pensar, pero el efecto es real.
Las consecuencias de la lengua punzante son heridas emocionales, dolor y tristeza, ira y resentimiento. Cuando no pedimos perdón por las palabras hirientes, nace el orgullo, y todas somos propensas a caer en él. Por eso debemos aprender a pedir perdón, aunque nos cueste, porque eso sana relaciones y limpia nuestro corazón.
Oremos para que el Señor nos haga razonar cuando nuestra lengua sea punzante. Porque no nos gustaría recibir comentarios hirientes, entonces tampoco debemos darlos. Controlar la lengua tiene que ser un acto de obediencia y de amor; no querramos burlarnos ni causar dolor o tristeza a otra persona. El día del juicio cada uno de nosotros daremos cuenta de nuestras palabras, porque por ellas seremos justificados o condenados. Aunque a Dios nada lo impacta ni lo sorprende, Él sí juzgará lo que hemos dicho, porque nuestras palabras muestran lo que hay en nuestro corazón.
Una hermana compartía que muchas veces había hablado sin pensar y herido a personas cercanas. Al orar, pidió al Señor que le hiciera razonar antes de hablar, porque no quería burlarse ni causar tristeza. El Espíritu Santo le dio convicción, y aprendió a pedir perdón. Ese algo que debemos practicar y tener constante delante de nosotros. No seremos inocentes si habalmos con lengua punzante.