¿Qué es una lengua mentirosa?
Una lengua mentirosa es aquella que distorsiona, oculta o inventa la verdad. No siempre lo hace con maldad evidente; a veces lo hace por miedo, por comodidad, para evitar conflictos. Pero el resultado es el mismo: se rompe la confianza, contamina el corazón y se abre una puerta al pecado.
Mentir no es solo decir algo falso. También es:
- Callar lo que se debe decir
- Exagerar
- Manipular
- Disfrazar la verdad
Cuando esta forma de hablar se vuelve frecuente, se convierte en un estilo de vida.
Ejemplo:
Una mamá está en casa con sus hijos. El papá que los disciplina, les ha prohibido jugar con el celular mientras él trabaja. Pero durante el día, la madre —por cansancio, por evitar discusiones, o por querer “darles un respiro”— les permite jugar. Cuando el papá regresa y pregunta: “¿Jugaron con el celular?”, ella responde: “No, estuvieron tranquilos”.
¿La intención? Evitar conflicto.
¿El resultado? Una mentira. Esto debilita la autoridad del padre, enseña a los hijos a mentir y siembra división en la familia.
Este tipo de mentira parece pequeña, pero puede formar parte de una vida de desconfianza, peleas y recriminaciones. La lengua mentirosa no solo daña al otro, sino que corrompe el corazón de quien la usa.
“Seis cosas aborrece Jehová… la lengua mentirosa.”
(Proverbios 6:16–17)
Aborrecer significa que no lo quiere cerca. La mentira es contraria a la naturaleza de Dios, quien es Verdad. Cuando mentimos, nos alejamos de Él.
¿Qué le pasa al cerebro cuando mentimos?
La neurociencia confirma lo que la Biblia advierte:
- La primera vez que mentimos, el cerebro reacciona con culpa y estrés
- Al repetir la mentira, la amígdala (centro emocional) se desensibiliza
- Mentir activa mecanismos de recompensa → menos empatía
- Se eleva el cortisol → afecta memoria y decisiones
- El cerebro se adapta → la mentira se vuelve hábito
Mentir corrompe el alma, el cuerpo y contrista al Espíritu.
En Génesis 3, la serpiente se acerca a Eva con una pregunta manipuladora. Miente: “¿Conque Dios os ha dicho…?” Luego afirma: “No moriréis… seréis como dioses.”
Eva vio el fruto como “agradable a los ojos y codiciable”. La mentira se mezcló con el deseo, la codicia y la sensualidad. La serpiente no solo mintió: sedujo, manipuló, y usó el cuerpo y el deseo para provocar la caída.
Y aquí hay algo clave:
Dios no escondió el árbol del conocimiento del bien y del mal. Lo puso en medio del huerto. Era visible, claro, accesible. No lo camufló. No lo disfrazó. Lo presentó como una verdad expuesta, como una invitación a la obediencia.
Pero la serpiente, con su lengua mentirosa, distorsionó lo que Dios había dicho con claridad. Provocó confusión. Hizo lo prohibido parecer codiciable. Disfrazó el mandato divino con seducción y mentira. Lo que era claro, lo volvió ambiguo. Lo que era santo, lo volvió deseable. Y como consecuencia entro el pecado. Es terrible.
Hoy, muchas mujeres —influenciadas por esa misma estrategia— usan su cuerpo como herramienta de manipulación. La sensualidad se convierte en lenguaje: miradas, gestos con las manos, jugar con el cabello, la vestimenta insinuante que marca la silueta del cuerpo… todo diseñado para atraer, controlar o provocar. Dicen “estoy disponible”. Es un lenguaje de mentira: una intención no clara pero visible, una falsedad de sentirse adecuada, a veces para tapar la inseguridad algunas otras para resaltar, pero es una seducción disfrazada. Y la serpiente sigue repitiendo: “No moriréis…”
Esto destruye matrimonios, rompe relaciones, provoca infidelidades y alimenta luchas en los corazones de nuestros hermanos que batallan con la pornografía. Muchas veces sus relaciones matrimoniales se ven quebrantadas. Hombres que buscan al Señor luchan en sus corazones en adorarle mientras sin querer miraron a una hermana mal vestida. La lengua mentirosa se enlaza con el cuerpo mentiroso, se escucha: “No es tan grave… solo estás siendo tú.”
No seamos como la serpiente.
Hablemos verdad. Con integridad. Con transparencia. Que lo que decimos y lo que mostramos refleje la obediencia a Dios, su Verdad.
Delante del Señor
Debemos:
- Reconocer la mentira, por pequeña que sea
- Arrepentirnos y pedir perdón a Dios y a quienes hemos engañado
- Pedir al Espíritu Santo que transforme nuestra lengua y nuestro corazón
- Vivir en la verdad, aunque nos afecte
- Rechazar la manipulación y la sensualidad
- Buscar ser íntegras, transparentes, mujeres confiables
El Señor puso el árbol en medio del huerto, no lo escondió. El Señor nos libre de la mentira. Que nuestra lengua no sea instrumento de engaño, ni nuestro cuerpo herramienta de manipulación. Que no nos aborrezca como algo inmundo. Que nuestro corazón hable verdad. Pronto vuelve el Señor, que su Espíritu nos guié.










