La ira

Según la RAE, la ira se define como un sentimiento de indignación que causa enojo, apetito o deseo de venganza; también puede referirse a sentir furia o violencia de la naturaleza. Es una respuesta irracional, inmadura e incivilizada ante lo que se considera una agresión. A aquellas personas que muestran ira se les llama “iracundos”.

Tipos de ira:

  • Justificable: indignación por las injusticias del mundo.
  • Defensiva: puede encubrir otras emociones (frustración, miedo, egoísmo o egocentrismo).
  • Agresiva: se ejerce para establecer dominio, intimidación y control sobre otra persona.
  • Instrumental: se utiliza para conseguir algo (berrinches o pataletas, ya sea en niños y/o adultos).

Características:

Irritabilidad, agresividad e incluso violencia; expresiones faciales y corporales alteradas; aumento del tono de voz; reacciones que se asemejan a las de los animales ante una amenaza. También se presentan reacciones fisiológicas como: aumento de la presión sanguínea y del ritmo cardíaco, secreción de adrenalina y noradrenalina (preparación del cuerpo para defenderse o huir).

Ministración:

La definición dada por las personas no está tan alejada de lo que dice el Señor. En la Biblia leemos:

“Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga ‘Raca’ (insensato o inútil) a su hermano, será culpable ante la corte suprema; y cualquiera que diga ‘idiota’ será reo del infierno de fuego.” — Mateo 5:22–23 (versión LBLA)

Estas palabras están tan arraigadas en nuestro lenguaje y forma de hablar que debemos cambiarlas, porque la Biblia nos dice que no debemos usarlas. No le agradan al Señor.

En griego, la palabra ira es orge, y denota una ira más duradera, una indignación con miras a la venganza. Thymós se refiere a una furia o furor más explosivo y de corto plazo.

La justicia es de Dios. Nosotros no debemos airarnos por cosas que causan dolor ni tomar venganza, sino dejarlo en las manos del Señor.

Uno puede molestarse, pero no debe llevar el enojo a la ira, porque esta puede volverse vengativa. En Efesios 4:26 se nos exhorta:

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.”

La Biblia, en el antiguo pacto, dice: “No matarás”; y en el nuevo pacto, el Señor dice: “Mas yo os digo: no hagan esto”. Estas frases muestran su autoridad y su llamado a una justicia más profunda.

El corazón humano es vengativo y ególatra; nos amamos mucho a nosotros mismos y nos airamos por cosas que, a nuestro parecer, están mal o son injustas. Pero la Biblia también nos dice:

“Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa.” — Mateo 5:40, versión NVI

Esto quiere decir que debemos relajarnos frente a estas situaciones. Tal vez el Señor nos está librando de algo mayor.

El enojo es una responsabilidad y una decisión personal. Debemos ver cómo canalizamos el enojo hacia el otro, ya que este revela lo que somos y puede sacar lo peor de nosotros.

Muchas veces somos como Naamán, a quien se le mandó a bañarse en el río Jordán estando leproso, y que en algún momento prefirió quedarse así. Nos aferramos a nuestra forma de pensar y nos detenemos en el orgullo, incluso cuando se nos ofrece una salida que no queremos aceptar.

Para que estas cosas no nos dominen ni tengan cabida en nuestras vidas, debemos hacer morir al “yo”, amar más a los demás —a nuestros hermanos, esposos, hijos u otros— porque en ellos está la imagen de Dios, quien nos formó a su imagen y semejanza. Cuando somos vengativos con ellos, lo estamos siendo con Dios.

Un ejemplo claro de cómo la ira puede llevar a la destrucción es el caso del rey Saúl. En 1 Samuel 18, tras el éxito de David frente a Goliat, las mujeres cantaban:

“Saúl mató a sus miles, y David a sus diez miles.”

Esto provocó en Saúl una ira profunda y celos que lo llevaron a intentar matar a David, a quien Dios habia ungido para rey, en varias ocasiones. Su enojo no solo lo cegó, sino que lo alejó de Dios y lo llevó a tomar decisiones impulsivas y destructivas.

Que el Señor nos ayude, porque es fácil entrar en una escalada donde la ira se va alimentando, hasta que el “yo” se entrona y se desata una ira descontrolada. No debemos enojarnos por cualquier cosa; pero si nos enojamos, debemos tomar nuestro tiempo, respirar y hablarlo con sabiduría y mansedumbre.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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