Jueces 9:10-11 “Dijeron luego los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?”
Reflexión: Deseo que se encuentren bien. En esta mañana voy a reflexionar sobre la higuera. Este árbol es típico de la zona mediterránea, de tamaño mediano, capaz de sobrevivir bajo condiciones extremas como las sequías. Es reconocido principalmente por su fruto: el higo, dulce al paladar y nutritivo para nuestro cuerpo.
En la Biblia se mencionan varias higueras. Una de ellas aparece en Jueces 9:10-11, cuando Jotam exhorta al pueblo de Israel por su decisión equivocada de poner a Abimelec como rey. La higuera se niega a tomar el mando, a ponerse como reina, porque su propósito era dar fruto.
Aquí podemos ver reflejado a Cristo. Cuando Jesús vino al mundo, también fue incitado a tomar un reino humano, como los árboles incitaron a la higuera: Satanás en el desierto, las multitudes en Jerusalén. Pero Él se negó, ya sea de forma tajante —como lo hizo con Satanás— o apartándose —como lo hizo con las multitudes—. Cristo tenía un propósito dado por Dios: servir y dar fruto. Y no abandonó ese propósito por buscar grandeza.
La higuera, fiel a su misión, producía frutos; Cristo, al morir en la cruz, nos dio el fruto más dulce: la salvación, que hoy podemos disfrutar.
Como joven, soy llamado a reflejar a Cristo. Así como Él cumplió el propósito eterno de darnos salvación, también debo andar en el propósito que el Señor tiene para mi vida. Debo ser una higuera que da fruto.
¿Qué frutos puedo dar como joven?
- La sabiduría que Dios concede para no ser necio.
- Una vida que agrade al Padre.
- Un fruto visible que muestre a Cristo a los demás.
Pido al Señor que trabaje en mi vida y me ayude a dar fruto, para que mi vida sea como la higuera: firme en su propósito, constante en su dulzura, y reflejo de Cristo en medio de mi generación.