La adolescente en la Biblia: Menarquía



Según la tradición judía, a los doce años, la niña alcanzaba la mayoría de edad religiosa, esta edad marcaba un antes y después, ella se convertía en responsable de sus propios actos. Este paso estaba generalmente marcado por un hecho: la menarquía, que es el inicio de su ciclo menstrual. La menstruación decía que empezaba una nueva etapa de vida, ella estaría apta para el matrimonio y la procreación, para mantener un linaje, no  de ella sino del hombre con que se casaría. Ante la ley ella debería cumplir sus preceptos y buscar la pureza.


La menarquía en  el común es símbolo de vergüenza, algo indeseado, muchas veces viene con dolor, sin embargo es el hecho que nos dice a las mujeres nuestros rol de dar vida.
  “Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días (niddah) estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche.” (Levítico 15:19). 

Para las niñas hebreas la menarquia  era un hito espiritual. La joven entraba en el estado de niddah, un tiempo de separación ritual, porque estaría impura según la ley, no sólo ella sino lo que tocara ella tenía que tener cuidado de ella, y estando casada no podía estar con su marido, este podría ser impuro también,  hasta al anochecer del día. Si un hombre dormía con ella durante su menstruación, quedaba inmundo por siete días, y toda cama sobre la que durmiera también quedaba inmunda (Levítico 15:24). 

Esto no les parecía bien a los hombres porque no podían acercarse al templo y otros.

“Y cuando fuere libre de su flujo, contará siete días, y después será limpia. Y el octavo día tomará consigo dos tórtolas o dos palominos, y los traerá al sacerdote  y la purificará el sacerdote delante de Jehová del flujo de su impureza.” (Levítico 15:28‑30). 

Al concluir la menstruación, debía realizar el rito de purificación: la inmersión en el mikveh y la ofrenda de dos tórtolas o dos pichones, uno como korban ḥatat y otro como korban olah. Ante el sacerdote, él le declaraba que estaba nuevamente pura y podía volver a ser parte de la familia, comunidad


¿Podemos ponernos a pensar cómo la niña hebrea enfrentaba la menarquía? Para ella no era solo un cambio físico, sino un hito espiritual. Al llegar su primer ciclo, debía apartarse en estado de niddah, separada de la vida comunitaria a su edad separada de su familia. No era vergüenza, ella debía obedecer  a la ley. Sin embargo, para una adolescente, pudo ser duro. 

La Biblia nos da ejemplos. Cuando Labán se presentó ante Raquel, ella le dijo que estaba en sus días, y él no le pidió que se levantara ni que se le atara. Su estado era reconocido y respetado. La ley enseñaba que la mujer debía apartarse, y que ese tiempo era parte de su caminar delante del Señor. ¿Cómo vivimos las mujeres en el ciclo de la menstruación?

En Marcos 5:25‑26 encontramos a la mujer con flujo de sangre por doce años. Ella vivía en un constante niddah, apartada de todo, estaba en un estado de impureza. Buscó médicos, gastó lo que tenía, pero no halló solución. Su vida era estar  excluida de su familia si la tenía, de presentar una ofrenda en el templo. Hasta que tocó el borde del manto del Señor allí ante el Maestro, su estado cambió: Jesús se convirtió en su mikveh vivo. Él no quedó impuro, sino que la purificó. Nuestro Señor es el Sacerdote y es el sacrificio perfecto mucho mayor a dos tórtolas o pichones, es Quien purifica, sana y salva. Cambia todo. La Fuente que salta para vida eterna estaba delante de ella, la lavó y la declaró limpia.

Hermoso nuestro Señor. Grande nuestro Dios que nos diseñó mujeres, recibamos con gratitud nuestra menstruación, no es vergüenza vivamosla con delicadeza. En nuestros días la Gracia ya no nos excluye no nos aísla sino nos hace estar delante de Dios en comunión. 

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