Gonzalo Alvarez
Éxodo 30:1 “Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás.” Éxodo 30:10 “Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación. Una vez al año hará expiación sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová.”
Reflexión: La acacia es un árbol o arbusto del género Acacia. Algunas especies, como las africanas, tienen un tronco principal que crece varios metros y sus ramas forman una especie de paraguas. Otras, como las de Australia, son arbustos bajos con varios tallos, capaces de soportar altas temperaturas y falta de agua.
En resumen, la acacia puede crecer como arbusto en zonas secas y difíciles, o como árbol en lugares con más agua y mejores condiciones. Sus especies han sido de gran utilidad para el ser humano: de la Acacia senegal se extrae la goma arábiga, usada en alimentos y productos; la Acacia mangium se utiliza para muebles, papel y construcciones, gracias a su madera resistente y de rápido crecimiento.
En Éxodo 30, Dios ordena a Moisés construir el altar del incienso con madera de acacia, probablemente de la Acacia seyal o la Acacia tortilis, conocidas por su dureza y resistencia. Ese altar sería recubierto de oro y usado para la expiación de los pecados del pueblo, una vez al año, por todas las generaciones.
Aquí veo reflejado a Jesucristo. Así como la madera de acacia fue usada para el altar donde se hacía expiación, Jesús mismo se convirtió en el altar y en el sacrificio perfecto. En la cruz derramó su sangre para expiar los pecados del mundo, dándonos acceso eterno al trono de la gracia.
- La acacia nos enseña que, aunque las condiciones sean difíciles, podemos crecer y ser útiles en las manos de Dios.
- Jesús es nuestro altar de expiación, y su sacrificio nos recuerda que la verdadera fortaleza está en permanecer firmes en Él.
- Así como la acacia fue usada para algo santo, nosotros también debemos ser instrumentos consagrados para el Señor.
Mi corazón se maravilla al ver cómo incluso en los detalles de la creación, como la madera de la acacia, se refleja a Jesucristo. Que podamos ser como esta madera: resistentes, útiles y consagrados, para que nuestra vida sea altar vivo que glorifique al Señor.