Hostlidad

La palabra hostil u hostilidad proviene del latín hostilis – hostis, que significa “enemigo”, en contexto legal o bélico. Los romanos llamaban así a sus enemigos. Ser una persona hostil es mostrar enemistad, desagrado u oposición violenta hacia una persona, causa o idea. Hace referencia a palabras o gestos de una persona.

Actitud hostil: comportamiento negativo caracterizado por la sospecha, la agresión y una tendencia a percibir motivos malignos en los demás. Esto conduce al conflicto y a la falta de confianza interpersonal, y puede aumentar con la edad.

Características :

  • Están a la defensiva
  • Guardan rencor
  • Son rápidos para culpar a los demás
  • Críticos (magnifican detalles que pueden ser pequeños)
  • Sus reacciones son con dureza
  • Baja tolerancia a la frustración
  • Se sienten incomprendidos

Ministración :
Algunos sinónimos de hostilidad son: rechazo, repugnancia frente a alguien o algo, antipatía, aborrecimiento, repulsión, odio, enfrentamiento, discordia, antagonismo. Sus antónimos son: simpatía, amabilidad, tregua, paz.

El personaje que fue hostil fue el esposo de Abigail: no pensaba en su esposa, pensaba solo en él. Estaba centrado en sí mismo. Una persona hostil tiene odio en su corazón.

Jezabel fue una persona hostil, muy vengativa, que oprimía a otros. Miriam tuvo celos de su hermano Moisés; actuó con celos y odio hacia él. Las personas hostiles rechazan a los demás, les cuesta amar, se miran a sí mismas como superiores.

“Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril. Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido”.
Génesis 29:31–32

Como seres humanos, nos turbamos, nos dolemos, se engaña el corazón, juzgamos de manera indebida, no nos colocamos en el lugar de la otra persona que puede sentir rechazo.

El Señor nos saca del lugar en que estamos, le da sentido a la vida, nos da valor —un valor distinto al que ofrece el mundo—. Somos sus hijas, y desde que pone sus ojos sobre nosotras, Él nos ayuda, nos enseña el camino, nos trata, ve lo profundo de nuestro ser. El Señor es empático con nosotras; jamás nos va a menospreciar.

Escuchar sin aconsejar también es amor, simpatía. Decir una palabra amable es ponernos en el lugar de la otra persona, y no tanto en el “yo” de nuestro ensimismamiento.

A veces podemos ser hostiles con nuestras familias, con palabras, miradas y gestos que demuestran menosprecio y dureza hacia el otro, provocando rechazo en nuestros hijos, padres, madres, hermanos, lo cual puede traer consecuencias impensadas: alejamiento, mentiras en sus pensamientos, aversión hacia las personas, pensamientos paranoides, incluso la muerte.

En la hostilidad prejuzgamos a la otra persona. Podemos tener pensamientos y formas hostiles: hay maltrato, agresividad, violencia. Nos resulta más fácil juzgar y asumir que el otro es nuestro enemigo. No se trata de nosotras, se trata del evangelio de Cristo. Somos una vida en construcción. Todos batallamos con distintas cosas; luchamos con la carne para mantenernos en el espíritu, porque este mundo está bajo el maligno. Hay áreas de nuestras vidas, como hijas de Dios, que debemos cambiar. No saquemos nuestras propias conclusiones; seamos amigables, empáticas. Un saludo sincero, afectuoso. Mostremos el amor de Cristo en nosotras hacia los demás.

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.
Filipenses 4:8

Que el Señor nos dé claridad en esto, que podamos discernir cuándo somos hostiles, y que Él lo vaya extirpando de nuestro corazón.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close