“y la paz de Cristo gobierne en vuestros corazones “ Colosenses 3:15.
“ Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”
Filipenses 4:7.
La paz, según la RAE, es una situación en la que no existe lucha armada en un país o entre países; es una relación de armonía entre personas sin enfrentamientos ni conflictos. También se define como el acuerdo que pone fin a una guerra, la ausencia de ruido o ajetreo, la tranquilidad en un lugar o momento, o el estado interior de calma sin perturbaciones. Esa es la paz según los hombres.
Podemos decir que experimentamos paz cuando todo está bajo control o cuando no parece haber conflictos. Sin embargo, como cristianos casi siempre tendremos dificultades, procesos, tensiones, y debemos aprender a identificar los momentos.
Nuestro cuerpo refleja percibe y procesa las situaciones: Dios nos dotó de un sistema nervioso que regula nuestras respuestas.
El sistema nervioso autónomo tiene dos ramas: el simpático, que activa la defensa, acelera el corazón y despierta emociones como la ira o el miedo; y el parasimpático, que ordena detenerse, descansar y recuperar la calma. Y es precisamente en este último espacio donde calma, la paz puede llegar a darse, esta área del cerebro puede sujetarse a el Espíritu Santo, el cristiano tiene la promesa que el Paracleto estaría con nosotros, manifestando su fruto: paz, dominio propio, mostrando que Cristo es Señor de nuestras emociones.
Testimonio:
Una hermana pensaba, como muchas de nosotras, que la paz llegaría cuando no hubiera desorden en la casa. Pero su tranquilidad era pasajera, porque pronto los juguetes estaban tirados y el ruido volvía. Entonces ella lo hablaba en su casa, sonando sus palabras a queja, cuando no podía contenerse se llenaba de enojo, con el tiempo buscando paz verdadera se dio cuenta que Cristo es la paz que tanto su vida anhelaba. Y que sus situaciones eran pasajeras, la paz no podía venir de su control, ni del orden, la paz venia de Cristo, si moraba en su corazón. Y entendió que la paz se puede vivir aún en medio de problemas, porque Dios gobierna todo.
Los médicos recomiendan deporte, yoga o paseos al aire libre para liberar tensiones. Y si, estas actividades ayudan al cuerpo: el ejercicio libera endorfinas, el yoga regula la respiración y el gimnasio descarga tensiones. Pero esta paz es limitada, porque depende de lo que aguante el cuerpo y de las circunstancias externas. Podemos decir que esta paz es control.
Sin embargo la verdadera paz no se va cuando termina el efecto de los deportes u otros que podamos hacer, la paz verdadera que perdura es Cristo, es tenerle a Él. Isaías lo llama Príncipe de Paz, y cuando Cristo gobierna nuestros corazones, se manifiesta en nosotras el fruto del Espíritu: amor, gozo, paciencia y paz (Gálatas 5:22).
La paz de Dios sobrepasa todo entendimiento porque es tan grande como Él mismo. No se agota con el cansancio, sino que en el cansancio nos da paz. No se pierde en el ruido del hogar, sino que nos da contentamiento en medio de la familia. Es una paz que permanece incluso en la ira. Sin paz no se puede disfrutar nada.
Nuestro Señor mantuvo paz en la aflicción.
Reflexion pastoral:
Debemos identificar nuestras batallas:
Ver cuando tenemos ira, enojo, descontento porque ahí nos desbordaremos, ahí los pensamientos surgen y surgen sin control, allí la paz no está.
Debemos pedir ayuda al Espíritu Santo para que su fruto nos gobierne y tengamos dominio propio en nuestras vidas.
El Señor permite momentos de aflicción en nuestras vidas, sus tratos: tiempos de llanto, tormentas y desiertos. Ahí la paz no significa que no duela, sino es ahí donde podemos confiar plenamente en que Dios sigue gobernando desde los cielos. Ten claro en el corazón que Su poder no ha cambiado, Él es inmutable, y por eso podemos ir a su presencia sabiendo que su mano nos sostiene. Él es victorioso, ganó toda batalla y nos dará la victoria.
Un día vendrá a buscar a aquellos que se han vestido de paz. Cuando nos vestimos de Cristo, nos vestimos de paz. Y cuando Cristo gobierna, es decir el tiene el control, todo se sujeta a su nombre, y es por eso que, si Él nos sostiene, tendremos de su paz.