¿Estamos vestidas de Cristo? O ¿estamos vestidas de fariseísmo?

El fariseísmo es una actitud de hipocresía, falsa religiosidad y legalismo excesivo, en la que una persona aparenta una gran rectitud moral o espiritual ante los demás, pero carece de sinceridad o compasión en su interior. Esta palabra proviene de los fariseos, un grupo religioso y político judío de la época de Jesús. El término “Fariseo” proviene del hebreo perushin, que significa “separado”.

Eran estudiosos de la Torá, hombres laicos apasionados por la Palabra y temerosos de que el pueblo volviera a caer en desobediencia. Nacieron dos siglos antes de Jesucristo, junto con el regreso de los deportados a su tierra, por la necesidad de preservar la ley de Moisés. Eran admirados, destacados, respetados por el pueblo y por muchos vistos como hombres santos. Se llamaban a sí mismos “guardianes de la fe” y se distinguían por su forma de hablar, vestir y actuar.

Características principales de los fariseos

  • No se veían como pecadores; por tanto, no se juntaban con pecadores.

Pregunta: ¿Ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?

  • Vivían con muchas reglas y se deleitaban en ellas.

Pregunta: ¿Cree que lo hace mejor que su hermana? No lo dice, pero su actitud cómo es. ¿Dice: “yo no lo aprendí así, así no se hace”?

  • Se enfocaban en criticar a los demás.

Pregunta: ¿Se siente mejor que su hermana? ¿Habla de los demás en su casa? ¿Qué dice su familia de usted?

  • Se ofendían al escuchar la palabra de Jesús, la verdad.

Pregunta: ¿Se ofende cuando le dicen que hay algo en su vida que tiene que cambiar?

  • Ponían cargas pesadas sobre otros.

Pregunta: ¿Usted hace todo lo que aconseja?

  • Eran ciegos e hipócritas.

Pregunta: ¿La luz de Cristo está en todas las áreas de su vida?

  • Valoraban más sus tradiciones que la Palabra del Señor.

Pregunta: ¿Se molesta cuando no puede hacer algo que usted acostumbra, que es una tradición?

  • Descuidaban sus responsabilidades familiares en nombre de la religión.

Pregunta: ¿Dios es primero, aunque su esposo o sus hijos la necesiten?

  • Oraban y ayunaban justo en los días de mercado, para ser vistos.

Pregunta: ¿Qué hace para que la vean?

Ministración

Jesús dijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de injusticia. Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.” (Mateo 23:25-26).

Los fariseos se preocupaban por cómo los demás los veían. Vestían de cierta manera, oraban en público, Ante esto podemos preguntarnos  ¿estamos vestidas de Cristo? O ¿estamos vestidas de fariseísmo?

Eran religiosos, como ellos ¿cuantas veces nos hemos sentido superiores a nuestros hermanos? Que pasa cuando decimos: : “yo lo aprendí así, así se hace” ¿cuál es la actitud del corazón? Se ofendían al escuchar la verdad, porque Cristo hablaba directamente a sus vidas. Y nosotros, ¿nos ofendemos cuando alguien nos dice que debemos cambiar?

Nos vestimos con apariencia de piedad pero teniendo un mal carácter, como vasos que brillan por fuera,  pero por dentro somos como vasos con orgullo, crítica o hipocresía, vasos que no están limpios delante de  Dios. Nos juzgamos como estamos vestidas, y vemos como se viste la otra hermana, a veces nos vestimos como fariseas con vestidos largos en la congregación pero en otro lado de otra forma. El Señor nos ama y quiere que limpiemos el vaso, el nos cela con celo santo, no nos cubramos de fariseísmo, vistámonos de Cristo. 

Los fariseos ponían cargas pesadas sobre otros, aconsejaban lo que ellos mismos no podían cumplir ni practicar. Es fácil decir a otro lo que debería hacer, pero hacerlo uno mismo muchas veces cuesta. Como ellos, somos como ciegos guiando a otros ciegos.

Los fariseos valoraban las tradiciones, más que  Palabra de Dios, poniéndolas por encima. Nos toca preguntarnos: ¿nos molestamos cuando se suspende una tradición, como un culto habitual? ¿Nos incomoda cuando cambian las formas, cuando se rompe la costumbre? El fariseísmo quita la paz, porque la tradición esclaviza, mientras que la Palabra de Dios libera.

Muchas veces tenemos las mismas características en nuestras vidas. Ponemos la tradición sobre lo que el Señor manda como prioridad. Recordamos costumbres familiares, formas de hacer las cosas, y cuando alguien cambia, nos ofendemos.

¿Por qué nos ofendemos? ¿Qué hay en nuestros vasos? ¿Están limpios? ¿ y cuando cambian las formas del culto como respondemos?

Lo cierto es que Cristo no habita en un templo ni en un tiempo; Él es grande, nada lo puede contener. Por eso tenemos libertad para adorarle. No podemos encapsular  a Dios, no debemos.

Podemos estar vestidos de ropas pudorosas, pero tener un corazón fariseo. Eso se nota en cómo hablamos, cómo miramos con desprecio, cómo juzgamos a otros. A veces incluso en nuestros hogares imponemos tradiciones y criticamos a nuestros esposos o hijos porque no oran o no se consagran, mientras nosotras mismas no lo hacemos. Somos maldicientes. Jesús nos llama a limpiar primero lo de dentro del vaso: nuestro corazón, nuestras actitudes. Cuando los discípulos estuvieron en la barca el Señor les dijo que echen la red nuevamente, Pedro le dijo “Maestro toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado” Lucas 5:4-5. Muchas veces es así estar toda la noche, un tiempo largo, sin ver resultados, sin ver la respuesta a nuestras oraciones, sin que los que queremos lleguen al Señor, y pasa “toda” la noche.

Vivimos en un tiempo donde nadie puede decir nada y a la vez todos pueden decir todo. La arrogancia está en el corazón. Miremos y veamos que tenemos que limpiar.

El Señor demanda más de aquellos a quienes más se les ha dado, pero esa demanda es libertad para servirle. Él quiere que hoy seamos libres de cadenas, libres de hipocresía, libres de tradiciones que nos esclavizan. No debemos descuidar nuestros deberes en nombre de la tradición, Dios es primero, hay tiempo para todo. Él nos llamó preguntémonos: ¿por qué yo sirvo al Señor? Anhelemos estar en los medios de Gracia. De verdad ¿amamos al Señor? Hermanas amemos a nuestras hermanas, a la iglesia a sus niños. Si escuchamos hablar mal de algún hermano recordemos que Cristo pago el precio. Si hay algo con  alguien no nos pongamos una máscara de orgullo, dejemos el fariseísmo y amemos. Nuestro Salvador vino a libertarnos.

Cristo fue a la Samaritana, y nosotros, ¿por qué somos tan juzgadoras? Aprendemos a ser espirituales, pero ¿qué hay en nuestros vasos? ¿Están limpios? Dios nos ve y sabe si somos fariseas. Limpiemos primero nuestro vaso.

Vienen Dias malos: la pregunta es:¿de verdad estamos vestidas de Cristo? Estamos con el corazón, el vaso, limpio ¿para que Él lo llene? Cristo rompe todo, es dueño de las almas. No puede ser contenido en apariencias, ni limitado a tradiciones.

Nuestro Señor nos dice: “Fariseo ciego: Limpia primero lo de dentro del vaso. Para que también lo de fuera sea limpio”

Por eso debemos derribar los muros de orgullo y dejar que Él limpie nuestro vaso por dentro. Arreglemos cuentas, nos seamos más hipócritas, dejemos los disfraces, las máscaras, hoy empecemos a limpiar el vaso, sacar lo contaminado, lo sucio. El vaso limpio por fuera o en apariencia no sirve si está sucio por dentro. Cristo viene y debemos estar limpios.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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