Especial de Navidad: recordando el nacimiento de Cristo

Hoy, 24 de diciembre, el mundo entero celebra el nacimiento de Cristo. Más allá del día y del mes, debemos anunciar que el Salvador nació a través de una doncella llamada María. Por todo lo que tuvo que pasar, José pensó en dejarla, pero un ángel habló en sueños con él y le dijo que no tuviera miedo, porque lo que llevaba en su vientre era del Espíritu Santo. Él está en todo y ordena el camino del hombre.

En la Biblia, en Génesis 49:10, se dice: “El cetro no se apartará de Judá, ni de entre sus pies el bastón de mando, hasta que llegue el verdadero rey, quien merece la obediencia de los pueblos” (NVI). El rey Saúl no era de la tribu de Judá, pero pronto vendría un rey cuyo cetro permanecería para siempre: nuestro Señor Jesucristo, quien cumple lo que dice.

Estaba escrito, los profetas hablaron y lo anunciaron. En el hebreo antiguo, el concepto de rey tiene que ver con el servicio: el rey sirve al pueblo, guía al pueblo, se ciñe. Dios nos ha dado a su Hijo Jesucristo, y con Él también nos dará todas las cosas.

El Señor vino a nacer para morir por nuestros pecados. La Biblia dice: “Y esto os será señal: hallaréis un niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre” (Lucas 2:12, RV). Antiguamente se seleccionaba a un cordero desde su nacimiento y se le asignaban cuidados especiales para el sacrificio en el templo del pueblo de Israel. Cristo fue envuelto en pañales sin mancha, para marcar la diferencia con nosotros manchados por nuestros pecados.

Juan Bautista lo declaró: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Pedro lo confirmó: “Como de un cordero sin mancha ni contaminación.”

Nació en Belén (casa del pan). “Jesús dijo: Yo soy el pan de vida.” En Isaías 53:7 se dice: “Como cordero fue llevado al matadero.” Belén era un pueblo donde se criaban los corderos para el sacrificio. Toda la creación se unió ese día para rendir pleitesía.

El mundo vio a un bebé en un pesebre; el cielo vio al Cordero preparado. Nada fue casualidad, todo fue una señal: el Dios que perdona pecados, el Dios que nos reconcilia con el Padre. A ese Dios servimos: historia redentora.

Jesucristo, el Rey, no nació como los reyes ni entre ellos; nació en el lugar donde se preparaban los corderos para el sacrificio, destinados a la expiación de los pecados. No fue pobreza, fue propósito. Dios no improvisó, Dios lo anunció y lo cumplio. Desde su nacimiento fue presentado como pan para alimentar, como cordero para redimir, como sacrificio para reconciliar y como redención para salvar. Es maravilloso nuestro Dios. El pesebre, destinado a los corderos, fue cumplimiento: Él mismo sería el Cordero perfecto, sin mancha, ofrecido por los pecados del mundo. El humilde rey mostro su grandeza, sus propositos eternos: la Salvación para nosotros. ¡Gloria a Dios en los cielos y en la tierra.!

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