El Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano define “epigenética” como el estudio de los cambios en la función de los genes que son hereditarios y que no se pueden atribuir alteraciones de la secuencia de ADN.
El término “epi” en griego significa “por encima”; por tanto, podemos decir que la epigenética va “por encima de la secuencia base de ADN”.
Por lo que:
- La epigenética se puede comparar con los acentos de las palabras,
donde el ADN es el lenguaje y las modificaciones son los acentos. - El código epigenético se superpone (añade) al código genético.
Por ejemplo: tenemos una instalación eléctrica donde van las ampolletas, los cables, el genoma. La epigenética sería la serie de interruptores que encienden y apagan la luz.
Entonces, podemos entender que la epigenética actúa como interruptores químicos (metilación o acetilación) que encienden o apagan genes en respuesta a factores externos como: el entorno, experiencias sociales, la contaminación, el ejercicio, la dieta, el estrés; a todo esto se le llama epigenética conductual.
Estos mecanismos regulan el desarrollo cerebral, la personalidad y la salud mental, permitiendo la adaptación al entorno. Sus efectos pueden pasar de generación en generación, pero también pueden ser reversibles.
Ventanas
Los especialistas dicen que el embarazo es una importante ventana epigenética donde los cambios epigenéticos se producen con gran facilidad. Es por ello que la nutrición de la madre puede influir en la programación fetal, produciendo alteraciones que, en la edad adulta, podrían provocar enfermedades metabólicas.
Hay un estudio en varones que estuvieron en cautiverio y otros que no. Se observó que los que pasaron hambre y estrés traspasaron enfermedades a sus hijos.
La otra gran ventana epigenética es la crianza: lo que recibe el niño, cómo lo criamos, qué le enseñamos, qué ve en el hogar y cómo hablamos influye directamente en su desarrollo. Un experimento en ratas probó el poder de la epigenética: a una madre se le expuso a un aroma asociado al miedo, y aunque luego ya no la expusieron, solo con olerlo se asustaba. Sus crías, al estar expuestas al mismo olor, también se asustaban aunque nunca habían vivido el trauma directamente. Ese es el poder de la epigenética: la memoria del miedo se transmite.
La Biblia dice que las almas se unen; esto dejará una huella emocional cuando se practica la promiscuidad. Cuando el acto se realiza, en el cerebro hay un proceso químico: se liberan sustancias.
Ministración
La vida sexual muy activa de una mujer, ya sea a temprana edad o con múltiples parejas, puede afectar el desarrollo de los niños, generando confusión respecto a su identidad y origen. Por ello, debemos cuidar a nuestras niñas en la actualidad, ya que muchas veces se ven influenciadas por el entorno social. En la Biblia se menciona que seríamos como Sodoma y Gomorra antes de la venida del Señor (Lucas 17:28-30). Muchas veces, para encajar en el grupo, agradar a sus compañeras o construir una identidad en el colegio, imitan conductas de su entorno.
El rey David dice: “En pecado (iniquidad) me concibió mi madre” (Salmo 51:5). Se interpreta que David, siendo pastor de ovejas, no provenía de una relación matrimonial formal, lo que explicaría por qué era apartado de sus hermanos. La Biblia no oculta estas realidades.
El entorno influye profundamente en nuestros niños. Es importante mantener atención sobre a qué están expuestos, ya que esto puede afectar su desarrollo. Debemos cuidar nuestra herencia, nuestra “viña”.
Estamos viviendo tiempos complejos; muchas situaciones parecen difíciles de comprender. Recordemos lo que dice la carta a Timoteo sobre los hombres de los últimos tiempos (2 Timoteo 3:1-5).
Debemos preguntarnos:
¿Cómo nos estamos relacionando con nuestros hijos? ¿Cómo enfrentamos nosotros las situaciones? ¿Cómo influye nuestro entorno en nuestra relación con el Señor? El diseño del Señor es perfecto para nosotros, pero el entorno puede afectar nuestra epigenética. Por ejemplo, en niños con exceso de pantallas, muchas veces hay detrás una madre agobiada, ajetreada, estresada o un ambiente de gritos.
Los científicos, incluso quienes no son cristianos, advierten sobre el aumento de enfermedades como epilepsias y trastornos en niños que presentan dificultades en el razonamiento. Esto afecta el corazón y el pensamiento, generando vulnerabilidad en su desarrollo.
La epigenética puede afectar la mente de las personas en nuestro entorno familiar. Cuando se produce un abuso se causa un daño para el futuro. Eso no se borra, no es que se impida, sino que queda como un estado mental que solo el Señor podría cambiar de alguna forma.
El hiperquimerismo es un fenómeno biológico en el que una persona lleva células de otra en su cuerpo, por ejemplo de su madre o de embarazos anteriores. Esto muestra cómo incluso a nivel físico llevamos huellas de otros, y en lo espiritual también sucede lo mismo: las experiencias dejan marcas que se transmiten como herencias.
Cuando vivimos en constante estrés, algunos procesos genéticos pueden acortar la vida e impedir la adecuada regeneración celular.
Si nuestra epigenética está afectada, podemos cambiarla con la ayuda del Señor. Debemos reflexionar sobre el porqué y el para qué de nuestras acciones, sin dejarnos llevar por cualquier idea. Es necesario detenernos y analizar qué nos está afectando.
La epigenética puede generar círculos viciosos que dañan nuestros genes. El Señor no se equivocó con el ser humano; nos hizo perfectos. Somos nosotros quienes nos hemos afectado con nuestras formas de vida. Quizás no podemos cambiar el pasado, pero con Cristo podemos transformar nuestro presente. Cristo vino a sanarnos.
Muchas veces evitamos nuestras responsabilidades y culpamos a otros. Recordemos el caso de Séfora, quien cortó el prepucio a su hijo (Éxodo 4:24-26). Aunque parecía no ser su responsabilidad, actuó. ¿Cuál es nuestra responsabilidad dentro del hogar? Debemos levantarnos como Séfora para hacer lo correcto delante de Dios.
El Señor nos enseña la conducta piadosa. Es bueno detenernos, analizar y pedirle al Señor que nos examine y nos muestre qué estamos haciendo mal. Así podremos ver su mano ayudándonos.