Embajadores

La RAE define como embajador a la persona con el mayor rango en el servicio diplomático, que representa ante otros Estados al Estado que la nombra.

¿Quién nombra a un embajador? Los nombran reyes y reinas en tiempos de la monarquía, y gobernantes de Estado como el presidente junto a su parlamento.

¿Cuál es la importancia de un embajador en el ámbito de las relaciones internacionales? Los embajadores desempeñan un papel fundamental al ser representantes de sus países en naciones extranjeras. Son una voz autorizada del mandatario de origen. Según Infobae, el embajador es la cara de un país, ya que será responsable de todo lo que incumbe al país que representa en el país en el que se encuentra.

La misión de un embajador, entre otras, es mantener y fortalecer las relaciones diplomáticas y comerciales entre los dos países, contribuyendo a la resolución pacífica de conflictos, negociar acuerdos bilaterales, y brindar asistencia a los ciudadanos de su país que viven o viajan en el país anfitrión.

Dirigir a los diplomáticos y al personal que prestan servicio en una embajada o misión de Estado. Existe una normativa, y es que las embajadas deben actuar conforme a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, por lo que deberán promover en todo momento la igualdad soberana, la paz y la seguridad internacional junto a las relaciones amistosas.

El embajador, en un sentido bíblico, es un representante oficial enviado por un gobernante en una ocasión especial con un propósito específico. En los tiempos del Nuevo Testamento, Pablo indicaba que él era un “embajador en cadenas” (Efesios 6:20). En tiempos precristianos, no existía un cargo gubernamental oficial que equivaliera exactamente al de un embajador del tiempo moderno, pero los términos “mensajero” y “enviado” en las Escrituras nos dan claridad y nos dicen que estos deberían cumplir ciertas obligaciones. Para ello, se escogía a individuos de cierta importancia, rango y madurez, como ancianos, por ejemplo.

Efesios 6:20: “por el cual soy embajador en cadenas; que {al proclamar}lo hable con denuedo, como debo hablar.”

 En el versículo donde Pablo se denomina “embajador en cadenas” (Efesios 6:20), podemos identificar dos significados principales:

Cadenas Físicas: Las cadenas físicas que Pablo llevaba cuando predicaba el Evangelio. Estas cadenas eran un símbolo de su persecución y sufrimiento por causa de Cristo (Hechos 16:24).

Ornamentos de Oro: Las cadenas también pueden representar los ornamentos de oro que, simbólicamente, se presentan como signo de dignidad y autoridad dada por Dios. En este sentido, Pablo era un embajador en cadenas, no solo por su encarcelamiento físico, sino también como un símbolo de su dignidad y honor como representante de Cristo.

Pablo experimentó las cadenas cuando fue perseguido por la predicación del Evangelio. Llevaba en sí la corona de gozo, la cual se otorga a todos quienes predican el evangelio de Jesucristo (2 Timoteo 4:8). Además, esas cadenas eran un símbolo de dignidad y honor de ser un embajador de Cristo. Su vida había sido transformada, y el Evangelio no es vergonzoso, sino la transformación de seres pecadores en seres redimidos por Cristo.

Muchos de nosotros podemos enfrentar dificultades en esta vida, pero aun así podemos andar en el nombre del Señor. Sin embargo, otros pueden estar presos no en cadenas físicas, sino en cepos espirituales. Estos cepos representan las ataduras del pecado que impiden avanzar y vivir en libertad en la plenitud de Cristo. Pero el Espíritu Santo tiene el poder de romper todo yugo de esclavitud y liberar a los creyentes para que puedan experimentar la verdadera libertad en Cristo.

Los cepos eran utilizados frecuentemente para los presos en las cárceles. Estos impedían el movimiento; algunas veces se colocaban a los presos en los pies, y otras veces sujetaban su cabeza y sus manos, poniendo todo el peso en el cuello. Podemos ver claramente que estos elementos, los cepos, representan opresiones en lo espiritual. Cuando estamos presos, significan la atadura del pecado que impide avanzar y vivir en libertad en la plenitud de Cristo. Sin embargo, el Espíritu Santo puede romper todo yugo de esclavitud, todo cepo, para que podamos experimentar en Cristo la libertad y la plenitud en Él.

Como mujeres, llevamos cadenas como embajadoras de Cristo, cadenas que representan nuestra alianza con nuestro Dios, quien nos envía a predicar su Evangelio. Estamos juntamente con Cristo atadas a esa cruz, o estamos con cepos, cepos que no solo nos impiden andar en el Evangelio, sino que también abren puertas en lo espiritual para huestes de maldad, demonios que vienen a los hogares a atormentarnos.

¿Qué hay en nosotras que nos impide andar en libertad? ¿Qué cepos tenemos que pedir a Dios que nos libere? ¿Qué pecados debemos confesar? ¿Qué tozudez debemos sacar de nuestro pensamiento para vivir libremente y así también vivir en paz, sin que huestes de maldad nos opriman?

Meditemos: nos conviene estar atados con cadenas a Cristo en lo espiritual. Debemos tener esas cadenas de oro en el cuello y en los brazos que dicen que somos representantes del glorioso Señor, embajadores de un reino eterno sin fin, donde Cristo vino, fue muerto, pero también resucitado, y que ahora reina en los cielos. Que el Señor nos ayude a meditar, a confesar y a ser libres en Él.

Compartimos Imágenes de este hermoso culto de día miércoles.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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