Maximiliano Fuentes
Jeremías 17:7-8 “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”
Reflexión: El roble es un árbol del género Quercus, conocido por su fuerza, resistencia y longevidad, capaz de vivir cientos de años. Su tronco grueso soporta tormentas intensas y sus raíces profundas le permiten mantenerse firme incluso en condiciones difíciles.
Este árbol refleja lo que dice Jeremías: el justo es como un árbol plantado junto a las aguas, que no se marchita en sequía y sigue dando fruto. El roble es estable, constante y firme. Sin embargo, algo que me cuestiona es que muchas veces queremos ser fuertes sin profundizar nuestras raíces; buscamos resultados rápidos, sin proceso. Pero un roble no crece de un día para otro: se forma con tiempo, paciencia y raíces profundas. Así también nuestra fe necesita tiempo con el Señor, oración y constancia.
Confiar en Dios no significa que no habrá problemas o luchas, sino que no caeremos fácilmente cuando lleguen. Jesús es el ejemplo perfecto de esta firmeza: en medio del dolor y la adversidad permaneció fiel a su propósito. Aunque pudo haber querido huir, sabía que debía cumplir la voluntad del Padre. Su firmeza nos dio la salvación.
- El roble nos enseña que la verdadera fortaleza está en las raíces profundas en Dios.
- La fe no se construye en un instante, sino con constancia y paciencia.
- Jesús nos muestra que estar arraigados en el propósito de Dios nos da firmeza frente a la tormenta.
Hoy me pregunto: ¿dónde estoy plantando mis raíces? ¿Junto al río de agua viva que es Cristo, o en un lugar seco? Invito a mis hermanos jóvenes a que nos plantemos como robles junto al río del Señor, que nos nutramos de su presencia y soportemos las sequías con alegría. Que nuestra vida sea firme, con raíces profundas en Cristo, creciendo en gracia y dando fruto para la gloria de Dios.