El Restaurador de nuestra heredad
HAGEO, del hebreo “haggai” , que significa festivo, solemnidad.
Fue contemporáneo de Zacarías. Se presume que vio el templo
construido por Salomón antes de su destrucción en manos de
Nabuconodosor.
El libro consta de cuatro partes dirigidas a los líderes Zorobabel, y Josué, quien era el sumo sacerdote y al pueblo:
1.- Exhortación a edificar el templo, porque había sido descuidado
porque los habitantes de Jesuralén habían atesorado sus casas (Hageo 1:4).
2.- La gloria del nuevo Templo. Hageo les dice que la gloria del postrer templo será mayor que la primera (Hageo 2:9).
3.- Exhortación a la infidelidad del pueblo hacia Dios. Dios llama al
pueblo a buscar la santidad porque nada inmundo podía contruir un
templo para el Dios Santo (Hageo 2:13).
4.- Promesa de Jehová a Zorobabel. Jehová promete a Zorobabel que
continuará el linaje de David (Hageo 2:23).
Zorobabel, su nombre significa “vastago de Babilonia”, nieto del último rey del linaje de David, Joaquin, a quien el Señor le quitó el
anillo de sellar (Jeremias 2:24), el reinado, por el pecado. Un vástago es Renuevo o ramo tierno que brota del árbol o de otra planta. Es una persona descendiente de otra.
¿Qué hay detrás de Su Nombre?
Hay esperanza, porque Jesucristo es nuestro Restaurador de nuestra heredad, es Jesucristo típificado en Zorobalel.
“En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos”, Hageo 2:23.
Porque no quedaba ahí la destrucción del reinado sino continuaría una restauración en Zorobabel, en él se restauró la linea mesiánica, que permanecerá en el reino milenario de Jesucristo. Con él se restauraría el templo para que Dios manifieste Su presencia. Porque un día vendría Jesucristo nuestro Salvador, nieto de Zorobabel, y Él nos devolvería lo que el pecado nos quitó, restauraría nuestra relación con Dios como hijos, desde el mundo nos diría en Jesucristo porque “yo te escogí”.
Antes esclavos en el mundo, ahora libres para venir a la presencia de Dios. Un día estaremos en la presencia de Dios será de gran gozo y solemnidad.
“Y no vi en ella templo alguno, porque su templo es el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero”. Apocalipsis 21:22
Mientras dejémonos restaurar nuestras vidas como moradas del Espiritu Santo. ¿Te estás dejando restaurar por Jesucristo?
Él es nuestra Fuente de vida
ZACARIAS
Zacarías significa ”Jehová Recuerda”, este nombre es común en el antiguo testamento. Fue un joven sacerdote, nacido en el exilio
contemporáneo de Hageo que exhortó al pueblo para la reconstrucción del templo.
Es un libro con mucho simbolismo y profecías cumplidas y otras aparentemente distantes del fin de los tiempos, fue escrito con el fin de animar al pueblo de Dios para su restauración. En ella estaba escrito que el Mesias iba a entrar a Jerusalén en un pollino de asna, y que quitaría el pecado de la tierra en un día, y asi fue (Zacariás 3:8), Jesucristo entró en el pollino de asna, murió y resucitó por nosotros, el pecado está pagado. Más un día el pecado ya no será más, se quitará en un día: El día del Señor.
¿Qué hay detrás de Su Nombre?
En Zacarías, Jesucristo es nuestra Fuente de Vida Eterna.
“Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para lavar el pecado y la impureza.
Jesucristo es nuestra fuenta de vida eterna”, Zacarías 13:1.
¿Que es una fuente?
Manantial de agua que brota de la tierra.
Es la sangre que brotó de nuestro Salvador, cien por ciento hombre, el prometido desde Adán (formado de la tierra) quien derramó su sangre en la cruz para ser expiación por nosotros los pecadores, porque sin derramamiento de sangre no había perdón. Es Jesucristo que se humanó, un descendiente de Adán el que formado de la tierra, vino a este mundo a lavar nuestro pecado e
inmundicias. Preciosa sangre que brotó de nuestro Señor Jesucristo, cien por ciento hombre, el hijo de Dios, que vino a ser de carne y sangre para morir en lugar de nosotros, para ser expiación, porque sin derramiento de sangre no habia perdón (Hebreos 9:22).
Nosotros que estamos condenados en nuestros pecados en inmundicias podemos ir a la fuente de vida y en arrepentimiento ir a la cruz tomar de su sangre derramada, de la fuente y obtener perdón y salvación.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos
perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad”, 1° Juan 1:9.
Si no lo hacemos vendrá el día del Señor en que quitará en un día el pecado, en la batalla del Armagedon: “Habrá tanta tristeza y llanto en Jerusalén como cuando la gente lloró amargamente por la muerte de Hadad Rimón en el valle de Meguido”. Zacarias 12:11