Isaías 41:19 “Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente.”
Reflexión: Hoy podía reflexionar sobre el pino. Este árbol de gran tamaño es conífero. A diferencia de otros árboles cuyas hojas se ven afectadas por las estaciones, como el invierno, el pino es perenne: sus hojas se mantienen verdes y vitales durante todo el año. Además, tiene una característica única: su tronco busca crecer recto y vertical, elevándose como una columna hacia el cielo. Eso sí, depende del suelo y de cuán buenas sean sus raíces.
El pino aparece en la Biblia en Isaías 41:19, donde Dios promete poner árboles en el desierto para mostrar que cuidaría y daría seguridad a su pueblo en el exilio, a los afligidos y menesterosos que lo buscaban. Puedo ver que, incluso hoy, Dios sigue cuidándonos y restaurándonos en medio de este mundo.
También puedo ver a Cristo reflejado en el pino. En medio de este mundo, Jesús fue perfecto y su vida fue recta. Así como el pino crece derecho hacia el cielo, Cristo fue recto en obediencia a Dios, sin desviarse ni a derecha ni a izquierda. Él fue obediente en todo.
Como joven, medito en esta rectitud: en ser recto, en ser una sola línea. Reconozco que las modas, la desobediencia y mi propio orgullo pueden ser como un viento que presiona al pino para torcerlo; pueden torcerme a mí en la obediencia a Cristo. Pero viendo el ejemplo de Cristo y del pino, entiendo que si mis raíces están en buen fundamento, en buena tierra, puedo crecer derecho.
Pido al Señor que me ayude a crecer en rectitud, que no permita que las tentaciones me tuerzan, sino que mi vida sea firme, recta, con raíces en Cristo, apuntando hacia arriba, hacia el cielo, en obediencia al Padre.