El desprecio


Viene del latín “contentus”, que es desprecio, y deriva del verbo “contenere”, que es despreciar. Está compuesto del prefijo “con” y el verbo “tenere”, que es despreciar, burlarse. En palabras más sencillas, significa valorar poco a la otra persona.
La persona que demuestra su desprecio hacia la otra se llama “despectiva”. El desprecio es una emoción, sentimiento de superioridad, falta de respeto hacia el otro, desvalorización de sus cualidades o necesidades, empequeñecer o ridiculizar a la otra persona de manera pública o privada. La envidia está camuflada y es utilizada como mecanismo de defensa.Formas de desprecio:

  • Comunicación no verbal: (miradas de superioridad, sonrisas burlonas, gestos de desdén/muecas).Lenguaje verbal: (sarcasmos, apodos, tonos de voz despectivos, tonos de voz condescendientes).Comportamiento: ignorar, excluir, ridiculizar pública o privadamente.Autodesprecio: es no aceptar lo que somos, ya que no somos lo que nos gustaría ser.

Características:
El desprecio suele ocurrir por cometer errores, comparaciones continuas con los demás o autocomparación, relaciones sociales que nos hacen sentir inferiores (bullying), autoexigencia y autocrítica, depresión.

Ministración:
Estas son definiciones o características que establecen los científicos o especialistas. Según la Biblia, el autodesprecio tiene que ver con el orgullo y la conmiseración (qué dicen los demás de mí). El menosprecio tiene que ver también con los ojos altivos, el mirar en menos. Nuestro interés debe estar centrado en lo que dice Dios de mí.Cuántas veces, como madres, apocamos a nuestros hijos con comparaciones; o como mujeres, comparamos a nuestros esposos con otros hombres, o viceversa. Eso es desprecio. Incluso podemos menospreciar a nuestros pastores.Si no estamos paradas y bien fundamentadas en el evangelio de Cristo, podemos caer en esto. Como hijos de Dios, debemos pararnos en la roca eterna y no en la arena, donde todo se dispersa cuando viene el agua.El diablo siempre va a usar personas, porque el mundo está bajo el maligno. Cuando somos cristianos también corremos peligro, porque son obras de la carne, ya que hay muchas cosas camufladas.Según la Biblia nos dice: “Quien oprime al pobre menosprecia a su Creador” (Proverbios 14:31). Las personas despreciadoras tienen alto autoconcepto y se aman mucho, son ensimismadas, pero es porque también tienen heridas, las cuales deben ser sanadas emocionalmente. Muchas veces, nosotras como madres debemos tener cuidado con esto, para que las personas a nuestro alrededor no se conviertan en cadenas y repitan nuestras palabras, frases o actitudes equivocadas.Para no provocar autoexigencias, autocrítica y perfeccionismo, por ejemplo, en nuestros hijos, busquemos las formas para decir las cosas sin menosprecio, para no causar dolor en los demás.Todos vivimos, en ciertos aspectos, el menosprecio de nosotros hacia los demás o viceversa. Puede ser en la casa, en el trabajo, en la iglesia o en cualquier entorno social en el cual nos encontremos.Jesús es nuestro mayor ejemplo, es a quien debemos imitar. La Biblia aconseja que debemos mirar a nuestros hermanos(as) como mejores que a nosotros. Debemos caminar en lo que Cristo dijo de mí. Él nos da un valor incalculable, nos dice que somos hijos de Dios. Fuimos comprados, redimidos y perdonados. Debemos pararnos en esa verdad.

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