Hoy meditemos un poco. ¿Cuántas veces nos hemos sentido amedrentadas por las situaciones y las voces que escuchamos? Como los hombres que fueron a ver la tierra que el Señor les prometió, la cual estaba llena de gigantes, ellos mismos se vieron como langostas (Números 13:33).
¿Cómo está la actitud de nuestro corazón? Debemos ser diferentes en todas las áreas de nuestra vida. A veces cuesta, porque somos demasiado humanas y terrenales.
La Biblia dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30).
¿Lo amamos realmente? ¿O tenemos áreas de nuestra vida en las que no le hemos permitido al Señor tomar el control y tratarnos?
El Señor nos creó para vivir acompañados, no solos. En el libro de los Hechos se dice que tenían todo en común. El mundo nos conocerá por cómo nos amamos y porque permanecemos unidos como familia.
Cuando estamos solos, nos encerramos en nuestro pequeño mundo; enfermamos, agravamos las cosas, peleamos batallas perdidas y nuestras emociones se turban. Rindamos esas áreas al Señor y entreguémoselas.
Romanos 12:2: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».
Muchas veces enfermamos porque no comemos saludablemente, no hacemos ejercicio, no vemos cosas agradables, no compartimos con otras personas y no cuidamos nuestra salud ni el templo que Dios nos ha dado. Debemos vivir como enseña Romanos 12 y comprobar lo que agrada a Dios.
A veces la soledad es una buena compañía si buscamos al Señor, tal como lo hacía Jesús. Él se apartaba para orar, pero también compartía con sus discípulos, entraba en casas de pecadores para compartir el pan, visitaba a sus amigos y hasta les cocinó a sus discípulos.
Sí, puede haber dudas o temor en ciertas situaciones, pero debemos abrir la puerta a las personas que realmente son un aporte para nuestras vidas. Permitamos que el Señor bendiga a otros a través de nosotros. Él sabía lo que era caminar junto a otros y guiarlos.
¿Qué dicen de usted los demás? ¿La ven como una mujer ensimismada, egoísta, aferrada al pasado, que no rinde todas las áreas de su vida, apegada a costumbres paganas y bienes materiales, o como una mujer amable y afectuosa?
Somos cuerpo, alma y espíritu; somos un todo. El cuerpo es templo, y los momentos grises del alma debemos llevarlos a la verdad de la Palabra, renovando nuestro pensamiento.
Debemos preguntarnos por qué estamos donde estamos y cuál es el plan de Dios para nosotros. A veces nos empequeñecemos ante las situaciones y nos sentimos amedrentadas, pero nuestro Dios es poderoso y grande en batalla.
Identifiquemos qué es lo que nos amedrenta. Debemos tener una actitud de fe y creerle a Dios. Somos débiles y fallamos, pero todo lo podemos en Cristo, porque Él nos fortalece.