El compromiso

Según la RAE, el compromiso se entiende como una obligación contraída, palabra dada, acuerdo pactado entre distintas partes, promesa de matrimonio, entre otras. Se utiliza para describir una obligación asumida o una palabra empeñada. En ocasiones, el compromiso representa una promesa o una declaración de principios.

El compromiso es emocional, elegido, congruente y consecuente entre lo que decimos y lo que hacemos. Se cultiva con honestidad y se gestiona en la cercanía de las relaciones.

Comprometerse es el acto que refleja la disposición de alguien a invertir tiempo, energía y recursos en aquello que considera importante. En el ámbito afectivo, se refiere a vínculos basados en responsabilidad, lealtad, fidelidad y reciprocidad. Implica la decisión de mantener y fortalecer la relación —sea de amistad, trabajo o familia— a través del tiempo y las dificultades.

Características de una persona comprometida

  • Cumple sus obligaciones haciendo más de lo esperado.
  • Se esfuerza en sacar adelante cualquier responsabilidad que le haya sido confiada.
  • Supera obstáculos y disfruta al alcanzar las metas propuestas. Ministración:

El compromiso se siente, incluso frente a nuestras propias convicciones. Debemos ser consecuentes, tener convicciones claras y estar comprometidos con esa verdad. Es una declaración de principios que debe estar fundamentada en la Palabra de Dios.

La salvación puede perderse si no tenemos compromiso con el Señor, quien nos compró y nos lavó.

“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera.” — Romanos 6:1-2

Debemos ser congruentes con la verdad del Señor en nuestras vidas. Ser auténticos, únicos, íntegros en nuestra forma de hablar, actuar y pensar. Ser los mismos donde estemos, y dejar de ser personas de doble ánimo.

“El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, no hace mal a su prójimo, ni toma reproche contra su amigo; en cuyos ojos el perverso es menospreciado, pero honra a los que temen al Señor; el que, aun jurando en perjuicio propio, no cambia.” — Salmos 15:2-4 (LBLA)

Olvidamos con rapidez la palabra empeñada. Prometemos delante de Dios y de los testigos, pero somos desleales por las obras de la carne. Nuestra mente es ligera, no pensamos ni razonamos lo que hacemos.

Cuando decimos una cosa pero hacemos otra, ¿qué testimonio damos a nuestros hijos o a quienes nos rodean? Es pecado delante de Dios. El compromiso no solo afecta a quien lo hace, sino que involucra a todo su círculo. Honramos al Señor cuando cumplimos nuestros compromisos.

Cuando no nos comprometemos con nada, tengamos cuidado. Si tenemos miedo y decimos “no puedo”, aunque no podamos hacerlo, debemos hacerlo igual, porque somos contratadas por el Señor.
El Evangelio no es hasta donde yo me canse, ni hasta donde yo pueda: es hasta el fin de nuestras vidas.

Debemos ser mujeres y hombres fieles, que cumplamos nuestras promesas, sobre todo cuando trabajamos en la casa del Señor. ¿Qué tipo de cristianismo tenemos?
Somos fluctuantes en nuestro caminar, dependientes de la retribución, sin entender la bendición verdadera del Señor.

Debemos terminar nuestra carrera en victoria, confiando, aunque nuestro cuerpo sea deshecho o digan lo que digan de nosotros.
No estamos para agradar a la gente, estamos para predicar el evangelio.
Nuestro compromiso es con el Señor, porque un día nos presentaremos frente a Él.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close