Hno. Mathias Castillo
El buitre barbudo, o más conocido como quebrantahuesos, recibe este nombre porque cuando los huesos son demasiado grandes para poder tragarlos los agarra con sus patas y los deja caer en zonas rocosas para partirlos en fragmentos más pequeños que pueda ingerir. Habitan en las zonas montañosas y escarpadas, llenas de barrancos o acantilados. Se encuentran solo en Asia y África, por lo que se encuentran catalogados como “casi amenazado”.
Características
Los buitres tienen un peso aproximado de 7 kilos y una envergadura alar que varía entre los 2,75 y los 3,00 metros, se caracterizan por sus alas largas y estrechas, una cola larga en forma de rombo y una cabeza recubierta de plumas, a diferencia del resto de los buitres. Debajo de su pico, poseen una barba negra. Su vista privilegiada les permite divisar presas a grandes distancias, y pueden volar hasta 30 kilómetros para conseguir alimento. Estos animales carroñeros destacan por comer solo huesos, alimentándose después de que otros animales hayan consumido las partes blandas de las presas. A los 6 años de edad, los buitres alcanzan la madurez. Los jóvenes buitres, en su afán de independizarse antes de tiempo, recorren largas distancias, pero siempre regresan a sus áreas de origen. Una vez alcanzada su madurez, pueden encontrar pareja y formar un nido, llegando a vivir hasta 40 años.
Aplicación Personal
“Y de las aves, estas tendréis en abominación; no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos, el azor,” Levítico 11:13.
Estas son aves carroñeras, siempre buscando carne descompuesta para comer. El enemigo de nuestras almas tiene estas mismas características y anda buscando a quienes no hacen la voluntad de Dios. Esto lo tenemos que tener en cuenta como jóvenes: debemos apartarnos de toda obra de la carne, de toda inmundicia, porque son obras muertas que solo nos llevarán por caminos de destrucción, además de que abrirán la puerta a la tentación. Si estamos luchando con algún pecado, resistamos, Dios nos quiere no como carne muerta sino como vivos, salvos, Él nos protegerá. No nos apartemos del Señor nunca, ya que su presencia en nuestras vidas es lo que verdaderamente nos protege.