Los búfalos, también conocidos como bisontes, habitan en praderas, sabanas y bosques abiertos, y se pueden encontrar en diversas regiones, desde América del Norte hasta África y Asia. El nombre búfalo viene del latín medieval “bufalus” que significa “buey salvaje”.
Características
Estos mamíferos de la familia bovidae, se caracterizan por ser de caras largas y por su abundante pelaje que puede ser negro, marrón o gris oscuro. Sus cuernos varían en forma y tamaño. Son animales herbívoros, pues se alimentan básicamente de hierbas, hojas y ramas, aunque cuando no tienen otra opción prueba los arbustos. Son bestias rumiantes de contextura robusta y fornida. Su altura aproximada de 140 centímetros, mientras que su longitud se acerca a los 240 y 300 centímetros de largo, siendo el macho más grande que la hembra. El peso de estos animales oscila entre los 800 y 1200 kilogramos.
En algunos lugares son ocupados como animal de carga porque son grandes y fuertes. Cuando llevan la carga y se encuentran con una cuesta y se fatigan entonces comienzan a subir arrodillados para llevar su carga con éxito. Esto es más fácil para el búfalo porque su parte trasera es menos musculosa.
Aplicación Personal
“Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco.” Salmo 92:10
Al reflexionar sobre el búfalo, vemos que cuando tiene que subir cuesta arriba, sus fuerzas se van debilitando, y es ahí donde no debe confiar en sus propias fuerzas ni su tamaño, sino en su humildad para reconocer que necesita arrodillarse para llevar cargas pesadas. Así también debemos hacer nosotros cuando no tenemos la fuerza necesaria por nosotros mismos para poder sobrepasar el día; cuando enfrentamos pruebas o tiempos difíciles, en todo esto debemos buscar el rostro del Señor, humillarnos y pedirle las fuerzas necesarias.
Y tú, ¿cómo puedes encontrar en Dios la fuerza necesaria para vencer las tentaciones y mantenerte firme en tu fe?