El Autismo


En la antigüedad, a las personas autistas las trataban como endemoniadas; con el tiempo, eran identificadas como mongólicas o enfermas mentales, ya que no había herramientas, conocimientos o estudios que ayudaran a entender cómo eran estos niños.
En el autismo encontramos una parte en la que algunos se aíslan y otros muestran agresividad (se auto golpean o golpean a los demás). Aún podemos ver estas situaciones, pero ahora existen formas de tratarlos.
En los tiempos antiguos, estos niños eran mantenidos amarrados, golpeados y bañados con agua muy fría. Creían que la terapia de shock los haría reaccionar. En 1943, un médico llamado Leo Kanner comenzó a estudiar el autismo, identificando ciertos patrones repetitivos en estos niños: aislamiento, ausencia del habla, fotosencibilidad, entre otros. Diagnosticó a estos niños con “autismo precoz infantil”, destacando características más notorias como el aislamiento social, los intereses restringidos y la resistencia al cambio. Estos niños eran aislados.
En 1944, otro investigador, Hans Asperger, comenzó a hablar de la psicopatía autista y empezó a investigar el área psicosocial. En 1980 fue creada una prueba estandarizada para reconocer el diagnóstico como tal. En la actualidad, podemos mencionar la neurodiversidad, donde se trabaja la inclusión (se preparan para la vida escolar y laboral), se resaltan las fortalezas, se reconocen las diversidades de las personas y reciben ayuda personalizada para tener una mejor calidad de vida.
Son personas muy inteligentes, pero presentan dificultades sociales y movimientos estereotipados. También presentan barreras debido a que su mente es demasiado estructurada. A nivel cerebral, una persona autista presenta dificultades en la comunicación, la interacción social y el procesamiento sensorial (hipersensibilidad a texturas y sonidos fuertes). El control de impulsos, las emociones y la flexibilidad suelen estar más alterados, y su umbral del dolor puede ser más elevado. Es importante que la familia pueda contener y apoyar a estos niños.
Podemos encontrar 3 niveles de autismo:

  • 1º (leve): Requieren muy poco apoyo, pueden hacer su vida normal, interactúan socialmente, asisten a escuelas y comparten con los demás.
  • 2º (moderado): No presentan intención comunicativa, no tienen contacto visual, presentan movimientos estereotipados y se enfocan en temas de interés para ellos, entre otros.
  • 3º (severo): Presentan las características del moderado, pero además pueden ser agresivos y no tienen control de su cuerpo.



Cuando hay un niño autista, se ve afectada es la familia. Sea cual sea el grado, esta debe estar involucrada en brindarle el apoyo necesario, aceptar la condición de su hijo o hija y comprender el apoyo que se les puede brindar. En la actualidad, las familias de estos niños y niñas han buscado refugio en el Señor, quien les ha dado paz y tranquilidad durante este proceso.
El Señor puede hacer una transformación completa; puede dar dominio propio. Él es nuestro creador, nos diseñó, conoce nuestro cerebro y tiene el control.
En la neuroplasticidad cerebral podemos ver a nuestro Señor en su perfección, obrando hasta en las más mínimas conexiones neuronales, formándoles.

En la Biblia dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

El Señor es bueno en eso; nos ayuda y nos sostiene. ¿Cómo no creerle? Él nos sana. Podemos verlo en el testimonio de un niño autista que fue sanado por el Señor, llegando a ser un gran predicador.
Tenemos un Dios poderoso; es grande y maravilloso. Él no cambia y sigue haciendo milagros.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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