El ambiente en el que crecen los niños es fundamental en su desarrollo. Crecer en un ambiente con malos tratos violencia gritos y peleas tiene un fuerte impacto en sus mentes en su conducta y en la forma de mi vida. Padres que se gritan entre ellos o gritan a los niños de forma continua o hay un cierto tipo de dejadez o palabras con insultos donde no se ve el cariño generan un ambiente violento. Estás circunstancias vuelven a los niños violentos vulnerables te genera inseguridad angustia emocional miedos los vuelvo irritable aparece una falta de apetito o ansiedad o depresión.
Los niños aprenden lo que ven en casa. Quiénes viven con ellos son sus modelos de conducta. Estos niños viven en una eterna tensión, estos niños no son protegidos. Estás consecuencias no solo se ven en su infancia también a lo largo de su vida, de su adolescencia adultez. Quiénes viven esto en el hogar muestran en sus colegios, trabajos donde estén conductas agresivas reflejando lo que hay en su casa. El niño se vuelve violento asume y acepta la violencia como algo normal por lo tanto la tolera y puede convertirse en víctima de violencia porque aprendido que es normal y que forma parte de sus relaciones afectivas. Es importante para los niños tener un buen ambiente.
Sus vidas deben ser edificadas en un ambiente de amor, de disciplina, de misericordia porque ellos tienen emociones cualquier abuso de poder los dañará.
Los niños deben vivir en un ambiente donde tengan hábitos porque eso les da seguridad donde existan normas para saber lo que viene y que no estén ansiosos.
Muchas veces cometemos muchos errores como padres corregimos con enojo haciendo un abuso de poder, les tiramos las orejas, los corregimos en forma pública, los avergonzamos. La disciplina del Señor es aquella que se aplica con diligencia con la vara de largo guiando el corazón. No debemos de olvidar que nuestro hijo desobediente es también un hermano en Cristo y que la verdad de Cristo debe también transformar sus vidas, sus pensamientos. A los padres el Señor nos dice:
“Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos” Deuteronomio 4:9
No debemos olvidar que la disciplina es por no obedecer entonces dirijamos su corazón a lo correcto al camino de la verdad que es Cristo no dejemos de enseñar y ministrar sus corazones teniendo en cuenta que tienen emociones. Debemos entenderlos también en sus frustraciones porque la disciplina es a la manera del Señor.