Dios quiere gratitud , y no quejas

“Así que el pueblo tuvo sed allí, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?” – Éxodo 17:3.

Este capítulo habla de cómo el pueblo de Israel estaba en el desierto y cómo se quejaban contra Moisés y contra Dios. Murmuraban y tenían quejas en sus corazones. Este no es un verso aislado; no solo se quejaron de que tenían sed (Éxodo 17:3), sino que la queja era una muestra de insatisfacción en ellos. También recordaron que en Egipto tenían ollas de carne, pero eran esclavos; se quejaron de la provisión de Dios, el maná que les fue enviado del cielo (Números 21:5). Nuevamente se quejaron con llanto, menospreciaron su libertad en el desierto y prefirieron morir en Egipto. Insinuaban que Dios los llevó para morir en el desierto (Números 14:1-3). Se quejaron y Dios no fue indiferente; ardió fuego y consumió parte del campamento (Números 11:1).

Lo cierto es que Dios quiere gratitud en lugar de quejas.

Debemos reconocer que tenemos quejas; tal vez no estemos conscientes cuando las expresamos, pero alguien las está escuchando. Las quejas son expresiones de dolor, pena o sentimientos internos o externos. Se transmiten con la intención de expresar dolor o sufrimiento, con la intención de aliviar un malestar interno. Cuando nos quejamos, queremos desahogarnos, como vomitar, hacer un desahogo. Hay algunas quejas importantes, como las que son para resolver un problema; por ejemplo, un brazo adolorido necesita un buen diagnóstico. Sin embargo, es diferente cuando la queja expresa todo tipo de malestar, provocando estrés en quien las escucha. Generalmente, quien emite una queja tiene un problema y un concepto muy alto de sí mismo. Cuando alguien se queja, lo hace comparativamente y busca compasión. Como cristianos, debemos dar un buen testimonio. La queja constante no bendice al resto; es más, puede mostrar pesimismo. Cuando algo esté pasando, debemos ser agradecidos. Si nos quejamos del trabajo, debemos pensar que Dios nos da esa provisión. Identifiquemos ¿por qué nos quejamos? A veces es por costumbre, porque vimos a nuestros padres hacerlo y nosotros continuamos con esa falta de gratitud. Otras veces, porque aprovechamos que alguien nos escucha. Que el Señor nos ayude a mostrar lo bueno que es con nosotros, a que le vean como nuestro Dios ayudador. Debemos reconocer que Dios es soberano y no hace diferencias, ni favorece a uno por sobre otro. Pablo exhorta a los romanos acerca de sus dichos y acciones:

“Pues aunque conocían a Dios, no le honraron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido” – Romanos 1:21.

Que nos ayude este día a ser plomadas en la gratitud, no sea que nuestro corazón llegue a estar entenebrecido y no veamos más lo del Señor y ya no haya más oportunidad de cambio. Arrepintámonos, no solo cambiemos nuestras palabras, sino que busquemos que la construcción del área de la gratitud sea la correcta, que podamos ser agradecidos de corazón. Reconozcamos que Dios es bueno en todo tiempo y circunstancia.

Compartimos Imágenes de este hermoso culto de día miércoles.

Correo ieclacisterna@gmail.com Horas Reunión domingo 18:30hrs// Reunión de oración: martes 20:00hrs // Clase de Dorcas: miércoles 19:00hrs// Reunión jueves 20:00hrs
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