En el diccionario etimológico el verbo turbar significa
agitar, interrumpir el curso normal de algo. Viene del
latín turbare que quiere decir agitar poner en
desorden, alteración, perturbar.
El corazón turbado es cuando está en desorden dentro
de sí mismo, en todo su ser.
En griego tiene 2 definiciones:
1.- turbados, turbaron, turbe que tiene relación en
despertar a problemas.
2.- remover o agitar el agua. Ej: el remolino. Según la
Rae: es alterar, interrumpir el estado natural de algo,
interrumpir modesta o violentamente la quietud.
Nuestras emociones son como esas aguas que se
agitan, hacemos un remolino en nuestras ideas, nos
enredamos en pensamientos y le damos vueltas como
este pensamiento paranoide. Nuestros pensamientos
son como arañas (de todo un poco), también hacen
que sea más riesgoso nuestro pensar.
Ministración
Cuando estamos turbados no logramos ver, discernir
con claridad lo que está ocurriendo en las situaciones
que se presentan. El corazón turbado ve lo que no es
y toma un camino desviado.
Un corazón turbado tiene desorden en sus
pensamientos, ideas, emociones dentro de sí mismo
que son equivocadas. En nuestras vidas pasamos por
situaciones y si este corazón no está centrado en lo
que dice el señor nos turbamos, se enreda nuestra
manera de pensar.
El profeta Elías fue amedrentado por Jezabel, sus
emociones se turbaron.
El Hijo prodigo tenía su corazón turbado cuando le
solicitó al padre la herencia en vida.
El rey Nabucodonosor ¡terrible! fue a pastar con
animales no podía razonar bien quiso para él la gloria.
El corazón de Eva se turbo con algo conocido “una
serpiente”, no había nada nuevo.
En Jonás 2:5. Dice “Las aguas me rodearon hasta el
alma, Rodeome el abismo; el alga se enredó a mi
cabeza”.
¿Cuántas veces las algas se ponen en nuestras
cabezas y no nos dejan ver con cordura? Hacemos
caso a el orgullo, a la envidia que tenemos,
escuchamos a nuestro propio corazón. Estas
inseguridades son nuestras propias idolatrías.
¿Cuándo abrimos la puerta para ese enredo en el
corazón, en nuestra mente?
Cuando sacamos la mirada de Cristo de quien debe
ser todo y la centramos en los seres humanos y en
nosotras mismas.
Necesitamos escuchar la voz de Cristo diciendo “no te
turbes, no tengas miedo”. La Biblia es clara:
“contentos con lo que tenéis ahora; porque no te
desamparare, ni te dejare” Hebreos 13: 5. Y “Así, que
teniendo sustento y abrigo, estemos contento con
esto” 1 Timoteo 6: 8.
Para la ansiedad la Biblia dice “por nada estéis
afanosos. Si no que sean conocidas nuestras suplicas
delante del señor” Filipenses 4: 6. Conociendo quién
es el Señor, quién es el que nos llamó, el que estaría
con nosotros las turbaciones desaparecen.
Debemos preguntarnos ¿Qué es lo que nos tiene con
enredos?, ¿Cuáles son esas algas? Es necesario
reconocer si es desobediencia, enojo, falta de perdón,
pensamientos enredados con mi hermano o hermana.
El Espíritu de Dios sabe lo que necesitamos, ¿Cuántas
veces hemos necesitado la unción del Buen Pastor?,
su aceite limpia de bichos que se ponen en la cabeza,
nos hacen ver un refugio en Él.
Que el Señor nos fortalezca, para que venga la
palabra adecuada cuando la necesitamos, el Señor
nos ayude a desenredar este corazón, que el Espíritu
de Dios traiga a memoria lo que nos está turbando,
que nuestro corazón vuelva en sí y poder servir al
Dios.