En Mateo 15:19 dice: “Porque del corazón salen los malos
pensamientos, los homicidios, los adulterios, la
inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios, las
blasfemias”.
La RAE explica que carnal viene de “carnalis” que significa
“perteneciente o relativo a la carne”. Se le puede llamar
“carnal” a un familiar o pariente cercano.
También puede denotar algo lascivo o lujurioso. Puede
como también algo terrenal o que solo mira las cosas del
mundo.
Existen los deseos carnales lícitos los externos que tienen
que ver con nuestra carne: comida, bebida, abrigo,
vestido, satisfacción emocional y sexual.
Deseos ilícitos que son los internos los que nadie ve estos
tienen que ver con los deseos de los ojos y la vanagloria
de la vida: glotonería, borracheras, pornografía, etc. Son
obras de la carne, están identificadas en la carta a los
gálatas.
En la Biblia habla del hombre carnal como aquel que ha
experimentado un nuevo nacimiento en Cristo, aunque su
fe está en Jesús, su vida está dominada por los deseos de
la carne. Hace lo que quiere y si no da la batalla se deja
llevar sin rumbo por sus sentimientos a aquello que le
cause placer y satisfacción.
Ministración:
Algunas personas son “puertas abiertas” simples según la
palabra, que están abiertos para todo, su sentidos se
guían por todo lo sensual.
Los deseos lícitos, son parte del diseño del Señor, los
sentimientos y deseos son normales en el matrimonio,
por los ilícitos son desmedidos, son espíritus inmundos
que nos llevan al descontrol.
Estos corazones van de acuerdo a sus emociones y no a
la verdad del Señor, las conductas carnales se tienden a
justificar o bien a esconder, ¿Cuántas veces en los
momentos de la vida hemos sido carnales por la vanidad
de los ojos?. El Apóstol Pablo aconseja a Timoteo que
“mira a las mujeres mayores como tu madre, a las
jóvenes como tu hija”.
Aún cristianos con un corazón carnal porque se va
manifestando de alguna forma, y somos tentados por las
concupiscencias que mora ahí. Esto es cierto en mayor o
menor medida.
La carne se alimenta de carne, el ojo nunca se cansa de
ver, y el oído nunca de escuchar, el apóstol Pablo dice:
“todo me es licito, mas no todo me conviene”. Las cosas
son pasajeras, lo eterno esta carne no lo quiere pero
nuestro espíritu gime por lo del Señor. Nuestro corazón
debe ejercitarse en la fe, pararse en la verdad del Señor,
resistir a lo que va en contra de la Voluntad de Dios. Dios
está dispuesto a fortalecernos a través del Espíritu Santo,
y a que el corazón carnal mengue.