Capítulo XII: La mujer encorvada ¿Miramos al cielo en tiempo de aflicción?

La historia de la mujer encorvada se encuentra en Lucas 13:10-17. La mujer tenía un encorvamiento de casi 80 grados, durante 18 años.

La palabra encorvado viene del latín “doblado, arqueado”. Cristo hablo de esta mujer como un “hija de Abraham”, eso significa que ella pertenecía al círculo íntimo de Israelitas. Ella sufría una enfermedad incurable por doctores, pues tenía un “espíritu de enfermedad”. Su cuerpo sufría las consecuencias de este azote, por ejemplo, se oprimía los pulmones no dejándola respirar, el sistema digestivo también se oprime al punto que le impide tragar, comer, impide mirar al cielo, y no permite mirar el rostro con quien conversa.

Caminar debió ser difícil para ella, pero su puesto en la sinagoga nunca estaba vacío. A pesar de su enfermedad corporal o sus tareas hogareñas, ella estaba puntualmente en la sinagoga.

Dicen los estudiosos que las mujeres no podían estar al interior de las sinagogas, tenían un patio, es decir un lugar establecido, generalmente fuera de donde estaban los varones. Había una separación entre esos patios.

A pesar que el patio de las mujeres estaba alejado, Nuestro Salvador la vio y la llamó para que se le acercara. Jesús le dijo: “eres libre de tu enfermedad” así aconteció y se enderezó, seguramente físicamente miró el cielo, pero sobretodo miró al Salvador.

“y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios” Lucas 13:10-17

Los principales de la sinagoga reprocharon al Señor por sanar a la mujer en día de reposo. Pero, Él les responde que ella era “hija de Abraham”.  Ese día Jesús principalmente sano su alma, sus pensamientos y la hizo libre de su aflicción. Es por eso que ella glorificó a Dios, entendiendo que sólo él podía libertarla.

Reflexionando

Probablemente ella tenía una familia que cuidar. Con su estado ella podía dar la excusa para quedarse en casa, pero no, ella estaba en el mejor lugar, en la sinagoga. Tenía esperanza al igual que la mujer de flujo de sangre. El día que Jesús la libertó, lo hizo con las siguientes acciones: vio, llamó, puso sus manos sobre ella y pronunció la palabra con la orden de sanidad “quedas libre de tu enfermedad” y al instante la mujer se enderezó.

En todos nuestros problemas y aflicciones Jesús está cerca. Tenemos la palabra bendita de su boca y el toque de su mano. Si estamos del todo abatidas el Hijo de Dios está cerca y nos dice que todo lo que tiene que ver con los suyos le interesa.

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